Tras 60 años de servicio el Comedor Social de los Desamparados podría cerrar en abril

Artículos de opinión

Entrevista con Jon Armentia, concejal de políticas sociales del Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz

Vicente Luis García Corres (Txenti)

“Los Desamparados” como popularmente se conoce, es una parroquia del centro de la capital de Euskadi. Fue edificada en los terrenos del antiguo convento de las Oblatas y en su edificación y puesta en marcha colaboró la feligresía de forma directa, con su tiempo y su dinero. Aunque hoy se localiza en lo que es el centro de la ciudad a mediados del siglo pasado estaba en una zona de expansión urbanística. Fue encomendada por monseñor Peralta al sacerdote Javier Illanas, quien, en plena efervescencia de los aires conciliares hizo una fuerte apuesta por los tres pilares, la dimensión celebrativa, la dimensión catequética y la dimensión caritativa y social. En ese marco es donde, sensible a la realidad que afectaba a la ciudad en aquellos años, se creó la Obra Social de la parroquia de Ntra. Sra. Madre de los Desamparados.

La Obra Social se creó en 1961 con la idea de ir dando respuesta a las necesidades que se iban generando cuando llegaban personas para trabajar en la Vitoria de aquellos años desde todos los lugares de España. En ese momento se detectaron dos necesidades principales: la guardería y el comedor. A lo largo de los años fue cambiando el perfil de los usuarios: estudiantes, parados, mayores que vivían solos, transeúntes de diverso tipo.

Los cambios en la sociedad, los vaivenes de la economía, y un mayor papel de las instituciones públicas con las políticas sociales ha ido obligando a la Obra Social de la parroquia de los Desamparados a adaptarse en cada momento y situación. 

En esa progresión el Ayuntamiento de Vitoria-Gasteiz ha ido ocupándose de labores que la Iglesia hacía desde hace décadas, y la residencia de mayores de Los Arquillos, reconvertida hoy en comedor social, ha sido el primer peldaño para pedir paso y el relevo en la tarea que en Vitoria-Gasteiz se venía haciendo desde hace 60 años en la céntrica parroquia vitoriana.

El miércoles, día 16 de febrero, la junta gestora del Comedor Social se reunió con Jon Armentia y Marta Buesa, que trabajan en el área de las políticas sociales del Ayuntamiento de Vitoria- Gasteiz. En esa reunión se informó que para el 2021 el Ayuntamiento tenía una provisión de 66.000 euros destinados al Comedor Social de Desamparados, calculando derivar diariamente 50 usuarios para comidas y 50 usuarios para cenas.  La “mala noticia” era que el convenio tendría una vigencia de solo 4 meses, pues para el 30 de abril el Ayuntamiento espera tener en marcha otro comedor social en el casco antiguo, en la calle Pintoreria. 

Ese comedor tendrá anexada una sala multiusos en la que podrán estar los usuarios para escribir cartas, ver la televisión, manejar internet, hacer gestiones, etc.. 

Esto obligaría a cerrar el Comedor Social de Desamparados el 30 de abril. Aunque la postura del párroco, José Ángel Riofrancos, es la de “aguantar mientras se pueda. Seguiremos dando el servicio mientras podamos.” Desde la parroquia no se renuncia a dar continuidad a una Obra Social que se puso en marcha desde sus inicios. 

Un tema que preocupa a los gestores del Comedor de Desamparados es el futuro de los trabajadores. El Ayuntamiento no dió, en esa reunión, ninguna garantía de poder asumirlos en el nuevo proyecto. Les aconsejaron que se inscribieran en la bolsa de contratación del Ayuntamiento. En todo caso tampoco serían muchos los trabajadores que el Ayuntamiento, en un gesto de reconocimiento de los 60 años de servicio de la Obra Social a los ciudadanos, tendría que acoger y facilitar una salida laboral. Las dos trabajadoras más veteranas, que se encuentran de baja, tienen solicitada la Incapacidad Permanente Total con muchas posibilidades de que les sea concedida. Otro trabajador recientemente había solicitado una excedencia voluntaria, por lo que al final se trataría de dar una alternativa a tres trabajadores que se incorporaron no hace mucho al Comedor.

Con la apertura del Comedor de los Arquillos, y también como uno de los efectos de la pandemia, el número de usuarios ha descendido drásticamente. Actualmente sólo están viniendo a comer una media de 18 personas y para cenar, solo llevan el tupper unas 13. Muy lejos del número de usuarios que se comprometió el Ayuntamiento a derivar en el acuerdo que se adoptó a comienzos del 2020.  

Otro factor que ha incidido en este descenso es la tarjeta de alimentación que proporciona a algunas familias el Ayuntamiento. Y, también, como apuntan desde el Comedor Social, les consta que además del Banco de alimentos y de Cruz Roja, han aparecido otras  entidades en Vitoria, que, tal vez movidas por el tema de la pandemia, han empezado a dar alimentos. 

Recientemente se ha certificado este final del acuerdo entre el Ayuntamiento y el Comedor Social, confirmando las fechas previstas de finales de abril.

Para conocer mejor el nuevo proyecto social del Ayuntamiento y la opinión del consistorio sobre las consecuencias que se deriven en el Comedor Social de los Desamparados hemos entrevistado al Concejal de Políticas Sociales, Jon Armentia.

Entrevista a Jon Armentia Jon Armentia

¿Es definitivo el fin de las ayudas municipales al Comedor Social de los Desamparados en abril?

En primer lugar quiero aclarar que no se trata de una ayuda municipal, sino de un convenio por el que el Ayuntamiento abona a la obra social una cantidad de dinero a cambio de que dé de comer y cenar a personas derivadas desde los servicios sociales municipales. En este caso, el convenio finaliza el 30 de abril. Es la fecha que hemos acordado y firmado ambas partes, aunque por nuestra parte no cerramos la posibilidad de colaboración en momentos puntuales por motivos sobrevenidos, pero no como hasta ahora.

Siendo conscientes que el fin de estas ayudas “condena” al cierre de esta Obra Social con 60 años de servicio a sus espaldas ¿Qué sentimientos le produce?

El Ayuntamiento no condena al cierre a nadie porque el comedor deberá seguir atendiendo a las personas que envía la propia Iglesia, como lo hace ahora. Es decir, tiene razones para seguir funcionando. Si el Ayuntamiento deja de recurrir a este servicio de comedor es porque el número de personas que los servicios sociales municipales están derivando a Desamparados es muy bajo, entre 12 y 20 diarias. Son personas a las que en breve tiempo estaremos en disposición de atender en nuestros propios recursos. Tenemos capacidad para atenderlas, cuando hace unos meses no era posible.

¿Qué razones ideológicas, políticas y económicas han llevado al Ayuntamiento a asumir este servicio que se hacía desde la Iglesia?

Como le decía, en un tiempo breve los servicios sociales municipales estarán en disposición de atender a todas las personas que ahora derivamos al comedor de Desamparados. La apertura del comedor municipal de Los Arquillos, el aumento de la capacidad de la cocina este recurso y la futura apertura del comedor del antigua Escuela Taller de Oficios nos permitirán dar de comer, por nuestra cuenta, a las personas de las que hacemos seguimiento desde los servicios sociales municipales, así como desarrollar un modelo de atención distinto al que ofrece Desamparados; un modelo normalizador, desde una perspectiva de derechos, con el que además de cubrir una necesidad básica, como es la alimentación, podamos trabajar la autonomía e inclusión de las personas usuarias.

Jon Armentia2

Además de abrir un nuevo comedor social municipal estos espacios pretenden ofertar actividades ocupacionales para los usuarios, desarrolle un poco más el proyecto.

Así es. Desde el departamento de Políticas Sociales, Personas Mayores e Infancia estamos trabajando ahora mismo en el proyecto del segundo comedor social municipal que abriremos este año en la antigua Escuela Taller de Oficios del Casco Medieval.

Este recurso, además del comedor, contará también con una serie de espacios destinados a talleres y cursos para personas atendidas en los servicios sociales municipales en los que promoveremos su autonomía personal e inclusión social. 

Ahora mismo, estos cursos se están impartiendo en otros locales más pequeños y con problemas de accesibilidad. Son talleres muy variados: peluquería, patronaje, restauración, cocina, etc. con los que ayudamos a las personas usuarias a ampliar sus competencias personales, sociales y prelaborales.

¿Cómo se justifica que el Ayuntamiento prefiere hacer un gasto en infraestructura y equipamiento para un servicio en lugar de llegar a un acuerdo de colaboración con la Iglesia que ya tiene el espacio, la infraestructura y la equipación, máxime cuando parte de esta ha sido subvencionada en los últimos años por el mismo Ayuntamiento?

La inversión prevista en el nuevo comedor social municipal y en los talleres es prácticamente la mitad del dinero que el año pasado destinamos al convenio con el comedor de Desamparados. Está presupuestada en 200.000 euros, mientras que en 2020 el convenio nos supuso un desembolso de 368.000. A esto hay que añadir que con las nuevas instalaciones daremos uso a un edificio de propiedad municipal, actualmente vacío, que está ubicado el Casco Medieval, un barrio de la ciudad en el que queremos potenciar el trabajo comunitario y la labor que hacemos desde los servicios sociales. Estamos muy ilusionados con este proyecto porque de una vieja instalación, una escuela de oficios abandonada donde se recuperaban oficios artesanos, vamos a hacer un gran taller social que recuperará la dignidad de las personas a través del oficio de la inclusión.

Por otra parte, siempre tenemos el problema de que Desamparados cierra en verano durante casi mes y medio, varios días de julio y agosto, y el Ayuntamiento termina asumiendo esa ausencia del servicio. Ahora, con nuestros propios recursos no se dará esta situación.

La Obra Social de los Desamparados asume que las instituciones públicas se hagan cargo un servicio social que ellos venían cubriendo desde hace 60 años, pero también esta larga historia debería implicar que el Ayuntamiento colabore con la Obra Social para dar un digno final y salvar, como mínimo, el futuro laboral de las personas que tiene contratadas esta Obra Social. ¿Puede el Ayuntamiento atender esta demanda?

Como ya he comentado, no creo que la finalización del convenio deba implicar el cierre de Desamparados porque este comedor tiene más personas usuarias al margen de las 12 o 20 que ahora mismo enviamos desde el Ayuntamiento. Por lo tanto, no sería justo responsabilizarnos de una situación que no tiene por qué darse.  Nosotros no queremos que cierre Desamparados, hace una gran labor; pero como institución pública tenemos la responsabilidad de realizar la mejor gestión económica y social de nuestros recursos.

Tradicionalmente la Iglesia ha buscado estar y servir en aquellos espacios donde la sociedad civil y las instituciones públicas, bien por razones ideológicas o por imperativo legal, no se hacían presentes: educación, sanidad, ayudas sociales… Con el proyecto de los Comedores Sociales el Ayuntamiento sale al paso de uno de los problemas que se han denunciado en nuestra ciudad, por ejemplo en los Círculos de Silencio. Pero no acaban ahí los problemas de esta sociedad, ¿para cuándo un proyecto que  aborde el tema de la vivienda? ¿Apoyará el Ayuntamiento con pisos de protección oficial el proyecto 13 casas?

El Ayuntamiento no tiene competencia en materia de vivienda. En la cartera de recursos de los servicios sociales municipales no hay viviendas. Pero esto no quiere decir que no nos preocupe la situación de las personas que carecen de ella o están en riesgo de perderla. Nos preocupa y además, llegado el momento, actuamos para que dispongan de un recurso de alojamiento. Prueba de ello son los más de 2 millones de euros que dimos en 2020 a través de las AES en ayudas para el alquiler de las que se beneficiaron 1.700 familias. O las 228 familias que recibieron dinero de las AMUS (Ayudas municipales de urgencia social) para evitar ser desahuciadas, poder pagar el alquiler de su vivienda, adelantarles la Prestación de Complemento de Vivienda, etc. En este caso, con un desembolso de más de 115.000 euros.

El Ayuntamiento está pagando apartamentos turísticos a familias que han sido desahuciadas, ofrece viviendas tuteladas como alternativa de alojamiento, pone a disposición de estas personas recursos como el CMAS, Aterpe, etc. En el presupuesto de 2021 tenemos presupuestados 300.000 euros como fondo de emergencia habitacional en caso de desahucios… Es decir, no se puede dudar de la voluntad de los servicios sociales de ayudar a las personas en situación de vulnerabilidad. Sería injusto. Estamos totalmente implicados.

Por otra parte, no estoy de acuerdo con la afirmación de que las instituciones no estamos presentes en espacios como la educación, la salud, las ayudas sociales. Los grandes avances sociales, como el derecho a la educación o la sanidad universal, vinieron en democracia de mano de la política y están presentes en las actuaciones de instituciones como el Ayuntamiento de nuestra ciudad. Por algo Vitoria lidera en España la Red de Ciudades Educadoras  o forma parte de la Red de Ciudades Saludables de la OMS, porque existe ese compromiso. Y en cuanto a las ayudas sociales, el año pasado destinamos  más de 10,2 millones de euros sólo entre AES y AMUS. Claro que estamos presentes.

Y como última pregunta. Las políticas sociales precisan de una fuerte dotación presupuestaria del erario público ¿estamos en condiciones de soportar esta carga? Y, de no llegar, ¿el Ayuntamiento cuenta con la Iglesia para poder dar respuesta a tantas necesidades urgentes de pobreza y necesidades básicas de una parte de la población vitoriana? 

Efectivamente, el desembolso económico es muy fuerte. Basta con decir que el departamento de Políticas Sociales, Personas Mayores e Infancia tiene un presupuesto para 2021 de 43,4 M€, lo que representa casi el 13% del presupuesto municipal. Esto supone un enorme esfuerzo para la economía municipal que, de momento, es necesario. 

Afortunadamente, en esta labor de atención a las personas más desfavorecidas estamos acompañados por otras instituciones, colectivos y organizaciones con las que mantenemos importantes líneas de colaboración. En el ámbito de la Iglesia, es el caso de Cáritas Diocesana con quien tenemos firmado un convenio de colaboración para el desarrollo de un proyecto de inclusión mediante el empleo.

Y al igual que contamos con Cáritas, también lo hacemos con Cruz Roja, el Banco de Alimentos, UNICEF, Save the Children y otros muchos colectivos y asociaciones para el desarrollo de programas y acciones que ayuden a la parte más débil de nuestra sociedad. Al final, esta tarea no es exclusiva de las instituciones. El compromiso debe ser de todos y todas para conseguir una sociedad más solidaria. 

Sabemos que ese compromiso está presente en muchos sectores de nuestra ciudad. Fíjese, hace poco presentamos el Mapa de Cuidados de Vitoria, un mapa que recoge 41 iniciativas de cuidados desarrolladas en nuestra ciudad durante la pandemia y que fueron puestas en marcha por instituciones públicas, entidades privadas, asociaciones y ciudadanos anónimos. Es una magnífica radiografía de lo que es la solidaridad en tiempo difíciles y un magnífico ejemplo de cómo el trabajo en comunidad nos hace más fuertes y nos ayuda a afrontar situaciones adversas. Ese trabajo comunitario queremos que cada vez está más presente en el desarrollo de nuestras políticas sociales.

Non solum sed etiam

La lectura que se hace desde la fe de los acontecimientos suele diferir normalmente de la lectura más terrenal e inmediata. El cierre del Comedor de la Obra Social de los Desamparados puede verse como una triste noticia, hasta injusta. Yo lo he pensado en algún momento. Pero hay otras posibles lecturas.

El párroco hoy se muestra prudente y prefiere no adelantarse a los acontecimientos. En parte por su forma de ser y en parte porque él, como muchos en la Iglesia, cuenta con un factor que ninguna otra institución pública se atreve a tener en cuenta: La Providencia. 

La Providencia suele responder no a la pregunta de ¿por qué? suceden las cosas, sino ¿para qué?  La Providencia genera la confianza de que Dios no abandona a sus preferidos. Por lo tanto la historia que ha llevado a que el Ayuntamiento vaya asumiendo un servicio social de comidas, e incluso lo mejore con un proyecto inclusivo, juega en favor de los necesitados. Y la Iglesia, en este caso la parroquia de Ntra. Sra. Madre de los Desamparados, tras 60 años dando de comer al hambriento, quizá le llega el momento de recuperar un espacio parroquial para otros servicios, para otros menesteres, pastorales y sociales. Quizá la Providencia está tendiendo la mano a la parroquia para que siga ocupándose de lo que la sociedad civil no llega, o se pasa de frenada. Porque, aunque es cierto que las instituciones públicas han ido asumiendo unos servicios sociales desde hace decalustros, la Iglesia siempre ha tenido la vocación de llegar donde otros no lo hacen, y eso se sigue dando por ejemplo en la atención a migrantes y sin papeles.

Quien da de comer sabe lo que cuesta hacerlo, y puede reconocer sin dificultad cuando un proyecto puede mantenerse o no. Y, evidentemente, aunque el Ayuntamiento no es el responsable directo de un posible cierre del Comedor Social, el fin del convenio llevará a dar un giro a ese espacio de la parroquia de los Desamparados.

El Amor es creativo, por lo que, sea cual sea el final de esta historia, en abril de 2021 o cuando sea, lo que no tengo la más mínima duda es que la Obra Social que se inició en la parroquia de los Desamparados en 1961 de la mano de D. Javier Illanas, que tras su jubilación fue continuada por los sacerdotes que le han sucedido, y que hoy tiene como pastor y párroco a José Ángel Riofrancos, sabrá encontrar el destino más acorde con el Evangelio, germen de la Obra Social de la Iglesia.