Reflexiones desde América Central sobre la paz en el Sáhara

Internacional

Por: El Dr. Napoleón Campos.

Ciudadano de El Salvador. Especialista en Integración Regional y Asuntos Internacionales.

La incorporación, el año 2014, del Reino de Marruecos como Observador Extra-Regional del Sistema de la Integración Centroamericana (SICA) lo convirtió en el primer país africano amigo y cooperante de nuestro bloque de países que comprende hoy a ocho naciones: Panamá, Belice y República Dominicana se sumaron recientemente, en ese orden, a los originarias cinco Provincias que se independizaron del Reino de España en 1821, hace exactamente dos siglos: Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica.


La relación Marruecos-SICA fue robustecida el 2019 con el establecimiento del “Foro de Diálogo Político y Cooperación” que institucionaliza diversos canales de intercambio y comunicación entre las dos partes que convergen en temas y agendas del ámbito planetario: lucha contra el Cambio Climático, Migración, turismo, modernización de puertos y transportes, energías verdes y renovables, integración regional y hemisférica, lucha contra el terrorismo, cooperación financiera y comercio con Estados Unidos y la Unión Europea, entre otros.


La relación Marruecos-SICA tiene un potencial comercial, tecnológico, económico, cultural, y político, de grandes proporciones. Marruecos representa para los países centroamericanos un puente, un trampolín, para aprovechar el mercado marroquí -bajo los acuerdos de asociación de ambas partes con la Unión Europea, el principio de Nación Más Favorecida (vigente después de la Segunda Guerra Mundial) y la Iniciativa Países Pobres Altamente Endeudados (vigente desde 1996 y que beneficia a Honduras y Nicaragua)- y luego incursionar desde Marruecos a nichos africanos de consumidores inteligentemente identificados para materias primas tradicionales como cacao, azúcar de caña, miel de abeja, café, entre otros.


Por otra parte, considerando el liderazgo de Marruecos en energías verdes y el déficit de Centroamérica en este campo, el horizonte para inversiones y asocios conjuntos público-privadas y entre privados apunta a ser prometedor tanto para consolidar la lucha contra el Cambio Climático como para generar oportunidades de negocios ganar-ganar entre todas las partes.
En el ámbito político y diplomático que es donde me detendré en lo que resta de este artículo, Centroamérica ofrece al proceso de paz para el Sáhara Marroquí una larga historia y una experiencia relativamente digna de tomar en cuenta en el marco de la Organización de Naciones Unidas (ONU).

Siglo y medio sin democracia

En los anales mundiales, los cinco países aparecen como el bloque de las “Provincias Unidas de Centroamérica” en 1823 cuyo principal órgano de gobierno fue un parlamento. Los caudillismos y las rivalidades entre liberales y conservadores, por un lado, y el apetito por ser Estado-Nación (aunque esas provincias eran materialmente inviables) provocó el fin de esta etapa hacia la mitad del Siglo XIX. No obstante, la invasión del filibustero William Walker desde Estados Unidos entre 1856 y 1857, quien pretendió crear artificialmente una nueva nación esclava y construir un canal interoceánico (que terminó siendo construido en Panamá a principios del Siglo XX), volvió a unir política y militarmente a Centroamérica por un corto tiempo. Walker fue fusilado en Trujillo, Honduras, en 1860.
Costa Rica fue la primera nación en abandonar el caudillismo y la división interna, para construir una democracia, pero no sin sangre. Su temprana revolución fue en 1948 y dejó más de 2 mil muertos entre una población de apenas 800 mil habitantes. Pero de esa revolución surgió una nueva Constitución en la cual se abolió el ejército que es la simbólica “marca país” de Costa Rica reconocida desde entonces en el mundo como “la Suiza de Centroamérica”. Gobiernos militares y violación masiva a los Derechos Humanos (DDHH) marcaron a Centroamérica que estalló lógicamente en guerras civiles articuladas con la Guerra Fría: primero Nicaragua en los 70s, luego Guatemala y El Salvador en los 80s, y en Honduras no hubo revolución alguna pero sí un gobierno militar que neutralizó los focos guerrilleros.


La superación de los conflictos fue gracias al progresivo esfuerzo político y diplomático de: primero, los países latinoamericanos vecinos (México, Panamá, Colombia, Venezuela); segundo, de la entonces Comunidad Europea (España había ingresado en 1986); tercero, del fin de Guerra Fría y los acuerdos sobre América Latina y el Caribe entre Estados Unidos y la Unión Soviética (antes de su disolución el 25 de diciembre de 1991); y, finalmente, de la ONU (y parcialmente de la Organización de Estados Americanos, equivalente de la Unión Africana) que condujo las negociaciones hasta lograr los Acuerdos de Paz en Nicaragua (1990), El Salvador (1992) y Guatemala (1996). A esta Centroamérica sin conflictos armados arribó el Reino de Marruecos.

Las lecciones para la paz en el Sáhara Marroquí

El papel clave de la ONU. Centroamérica no superó la turbulencia político-militar hasta que las negociaciones se enfocaron bajo la jurisdicción del Consejo de Seguridad de la ONU. Hablamos de los conflictos nacionales y la conflagración regional combinados entre sí. La misma ONU aprendió mucho de Centroamérica y esos valores agregados ya están presentes en el proceso negociador para el Sáhara Marroquí: la diversidad de actores y muy cambiantes (como la evolución política en Argelia y los nuevos movimientos saharauis, a los que me referiré más adelante), la no existencia de veto por las cinco potencias del Consejo de Seguridad para fortalecer el proceso negociador, la existencia de un instrumento especial como la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara Occidental (MINURSO) encabezada por un Enviado Personal del Secretario General, y un plan de paz creíble y responsable presentado por el Reino de Marruecos el año 2007 con el título de “Iniciativa Marroquí para la Negociación de un Estatuto de Autonomía para el Sáhara”.

La diversidad de actores. La paz en Centroamérica no se alcanzó hasta que, por etapas, los actores nacionales e internacionales realizaron importantes concesiones. Eso es una negociación: que todos los involucrados concedan un interés estratégico para obtener la paz. Los “Acuerdos de Esquipulas” firmados en Guatemala en 1987 fueron claves en ese sentido para que a renglón seguido entrara la ONU a ejecutar su mediación y buenos oficios. Cuba, por su respaldo militar a las guerrillas, debió renunciar a su protagonismo en un contexto difícil ante la disolución de la Unión Soviética, su gran aliado. ¿Cómo percibo desde Centroamérica a los protagonistas sobre el Sáhara reconocidos por el mismo Consejo de Seguridad?

2.1 Argelia.

Argelia llamó poderosamente la atención a la juventud universitaria centroamericana en los años 70s, por su lucha de descolonización ante Francia. Las obras de Franz Fanon, pero en especial la edición castellana de “Los Condenados de la Tierra”, impactaron en aquella juventud ávida de libertad que se enfrentó a los gobiernos militares. Fue tal la fascinación que unos guerrilleros salvadoreños en prisión liberados en 1977 en canje por un alto empresario, empresario a quien la guerrilla ya había asesinado, fueron trasladados a Argelia, ignorando el gobierno militar y la familia del empresario que las negociaciones habían sido con mala fe. Difícilmente, aquella juventud y aquellas guerrillas imaginarían que el trayecto de Argelia no culminaría en una democracia vibrante sino en un régimen militarista y violador de los DDHH como los que combatieron.

Centroamérica no supo que a esa frágil democracia a donde llegaron aquellos guerrilleros salvadoreños sobrevino el repunte del islamismo radical contra el que intervino el ejército en 1990 derivando en una nueva guerra interna. Mientras en Centroamérica concluían los conflictos armados, en Argelia murieron unas 200 mil personas, y el sufrimiento argelino no terminó allí. En 1999, un oficial del ejército llamado Abdelaziz Bouteflika -marroquí de nacimiento (Oujda, 1937), destacado combatiente contra Francia- se impuso sobre los demás coroneles, y contuvo al islamismo radical. Pero no hubo restauración democrática ni estabilidad ni una política exterior de coexistencia pacífica con sus vecinos, como fue la promesa de Bouteflika. El rumbo fue el contrario: hizo de Argelia su negocio familiar; entronizó una casta cívico-militar en todos los Órganos e Instituciones del Estado; pasó a controlar SONATRACH, la empresa estatal energética (gas, petróleo, etc.), de la que depende el 95% de las exportaciones argelinas y considerada como la empresa de más activos de toda África; y, suministró dinero y armas a la cúpula del “Frente Polisario” (FP) que ha controlado los campamentos saharauis en territorio argelino.

Bouteflika cayó enfermo y no apareció ante el público los seis años previos a 2019 cuando se supo que su salud era precaria por un derrame cerebral no obstante se había postulado como candidato presidencial para una “reelección” fraudulenta más. Bouteflika había sido hospitalizado en Suiza, a todo lujo, reflejando ser uno de los hombres más corruptos y adinerados de África. Es imposible conocer a ciencia cierta el tamaño del saqueo de los recursos energéticos del pueblo argelino. Pero los indicadores son abundantes. Me permito citar un tan sólo escándalo millonario que tocó a Centroamérica con el caso del despacho jurídico Mossack Fonseca popularmente conocido como “Los Papeles de Panamá”.

Mossack Fonseca creó 12 empresas de pantalla a cuenta de una figura central del esquema de corrupción que implica al grupo italiano SAIPEM en Argelia. A fines de 2015, SAIPEM, filial de la italiana ENI, y varios de sus ejecutivos fueron procesados por la justicia italiana acusados de haber pagado cerca de € 200 millones a funcionarios y políticos argelinos, entre ellos el exjefe de SONATRACH, Chakib Khelil, para la obtención de contratos por € 8 mil millones. Una parte de esos fondos transitó por una red off-shore creada por Mossack Fonseca y su destino fueron las cuentas bancarias de Farid Noureddine Bedjaoui, hombre de confianza de Khelil, también procesado en Italia.

Bouteflika renunció a la candidatura y enfermo volvió a Argelia, mientras estallaba la lucha entre las facciones de la mafia hasta que el grupo triunfante postuló como candidato a Abdelmejid Tebboun, exprimer ministro de Bouteflika. La juventud argelina se volcó a las calles reclamando transición democrática y la conclusión de la mafia en el poder. La mafia cívico-militar se las arregló para convocar a elecciones a pesar del movimiento ciudadano en las calles, conocido como “Hirak”, que denunció la consumación, el 12/12/2019, de los comicios amañados que no fueron supervisados internacionalmente. Así, con Tebboun como presidente se ha instalado un “régimen Bouteflika sin Bouteflika” en un contexto de bajos petroprecios producto de la pugna petrolera entre Arabia Saudita y Rusia, y la caída de la demanda mundial por el coronavirus.

El Parlamento Europeo emitió en noviembre la Resolución sobre “La Situación de las Libertades en Argelia” (2019/2927(RSP)). En el texto, los eurodiputados tomaron en cuenta que “el Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y Argelia, y en particular su artículo 2, establece que el respeto de los principios democráticos y de los derechos humanos fundamentales inspira las políticas internas e internacionales de las Partes y constituye un elemento esencial del Acuerdo”. La resolución destacó que el movimiento “Hirak goza de un amplio apoyo y constituye el mayor movimiento de protesta en Argelia; que en las manifestaciones participan mayoritariamente personas jóvenes; que los manifestantes exigen el fin de la corrupción, la falta de oportunidades para la participación política, las elevadas tasas de desempleo y la represión de las manifestaciones, así como un marco más pluralista e inclusivo de cara a la preparación de elecciones libres, como parte de una transición política más amplia”.

Un “régimen Bouteflika sin Bouteflika” no constituye un interlocutor válido ni legítimo para negociar la paz. Sólo un nuevo gobierno democrático respetuoso de los compromisos y tratados internacionales podrá ser ese actor indispensable para las negociaciones de paz.

2.2 Un nuevo actor saharaui.

Así como se produjo la descomposición moral y política de las pasadas guerrillas centroamericanas al llegar al poder (siendo el extremo el de Daniel Ortega y el Frente Sandinista en Nicaragua, convertidos actualmente en una tiranía que busca perpetuarse en el poder), llegó la hora al FP cuyo cuartel en los campamentos de Tinduf, Argelia, ya se resquebrajó por la corrupción, la falta de democracia en los campamentos, y su sometimiento a la mafia gobernante de Bouteflika.

El naciente “Movimiento Saharauis por la Paz” tiene en jaque a la cúpula del FP. Varios de este movimiento recién fundado, intentaron reformas democratizadoras dentro del FP, pero la cúpula las paralizó, de allí procedieron a organizar esta iniciativa que rápidamente está siendo reconocida internacionalmente.

Es importante destacar que ninguna resolución del Consejo de Seguridad de la ONU otorga representación exclusiva al FP. El líder del movimiento, Hach Ahmed, envió una carta el 12/05/2020 al Secretario General de la ONU, en la que ofreció “contribuir a la reactivación de toda dinámica que pueda conducir a la culminación pronta y exitosa de los esfuerzos que tanto Usted como sus Enviados Personales no cesan de realizar en favor de la solución”, solución que para el movimiento debe ser “política, justa, perdurable y que sobre todo proporcione un desenlace feliz y digno al largo y penoso drama de nuestro pueblo”. En declaraciones a medios de comunicación, Ahmed afirmó: “buscamos solución y paz como el sediento que busca agua en el desierto. Es una oportunidad para el pueblo saharaui. Después de medio siglo de guerra, exilio, dificultades y muros, tiene derecho a un período de tranquilidad. La paz rompe los muros militares, reabre fronteras y reúne familias divididas y, por supuesto, traerá prosperidad y bienestar al pueblo saharaui. También es el fin del exilio, el ejercicio y el pleno disfrute de sus derechos. Creo que es hora de que cambie el destino del pueblo saharaui”.

Una eventual incorporación de este movimiento como un segundo interlocutor saharaui, reconocido así por el Consejo de Seguridad, enriquecería el proceso de negociación. Una lección desde Centroamérica en los 90s fue justamente esa: que nadie fuera excluido de voz y presencia en las negociaciones para así garantizar la construcción y consolidación de la paz. Por ejemplo, en El Salvador, la sociedad civil organizada, las Iglesias, las universidades, acompañaron las negociaciones hasta los Acuerdos de Paz de enero de 1992.

2.3 Marruecos.

La propuesta de paz del Reino de Marruecos del 2007 fue fruto de su proceso democratizador, de reconciliación nacional, de búsqueda de la verdad por los hechos del pasado, de una apertura política, económica y cultural con el resto del mundo.

Como la democracia es una dinámica perfectible, Centroamérica y Marruecos coinciden en esa construcción -sin prisa, pero sin pausa- de sociedades comprometidas con el respeto a los derechos fundamentales. Esa ha sido la experiencia exitosa a nivel mundial: a una democracia efectiva gradualmente va correspondiendo una política exterior responsable. También opera lo contrario como lo vemos en graves episodios en Centroamérica: a cada retroceso democrático, a cada nuevo apetito autoritario, corresponde un choque con los límites internacionales. Y así lo vemos en Argelia y en el FP.

Hay un factor más expuesto ampliamente por Marruecos y que ha contado con el debido eco internacional. El 2018, Marruecos denunció la existencia de vasos comunicantes desde Irán con organizaciones terroristas en el Medio Oriente y el Norte de África, alcanzando al FP vía Hezbolá (“Partido de Dios”) en El Líbano. Por ello, en abril de ese año, Marruecos decidió romper relaciones diplomáticas con Irán. Marruecos entregó las pruebas sobre los nexos del FP con Hezbolá y la embajada iraní en Argelia, a europeos y estadounidenses.

La relación Marruecos-Estados Unidos tiene un hito sin parangón. Marruecos fue uno de los primeros en reconocer la nueva nación independiente en 1777. En 1786 firmaron un tratado de amistad y paz. Por ello, no es de extrañar que la Cámara de Representantes aprobara la Resolución 1101 (28/09/2018) en la que condenó toda acción provocativa del FP para desestabilizar el proceso de negociación (acciones a su vez condenadas por el Consejo de Seguridad en su resolución 2414/) al tiempo que hizo un llamado al presidente Trump y al Secretario de Estado para apoyar el logro del acuerdo de paz en el Sáhara bajo la mediación de la ONU. Al mismo tiempo, los congresistas condenaron las acciones iraníes y de Hezbolá para promover la inestabilidad en el Norte de África.

Reflexión al cierre

En Centroamérica, cuando parecían no haber esperanzas para la paz, se llegó a creer que el entonces Pontífice Juan Pablo II durante su visita apostólica a la región en marzo de 1983 podría empujar a negociar a todas las partes involucradas en los conflictos nacionales y a nivel regional. En su viaje de regreso a Roma, el 10 de marzo, Su Santidad les dijo a los periodistas en el avión: «Tanto yo como vosotros comprendemos más de cerca y mejor todos los problemas que agitan a Centroamérica».
Transcurrieron más de 4 años de destrucción y muerte, de desplazamiento forzoso para cientos de miles de centroamericanos, para que esta región lograra los ya señalados “Acuerdos de Esquipulas” de 1987 que tuvieron como título: “Procedimiento para Establecer la Paz Firme y Duradera en Centroamérica”. A esas alturas, Mikhail Gorbachev había pronunciado su histórico discurso ante el Partido Comunista de febrero de 1986, en el que llamó a construir una nueva era de transparencia y apertura (“Glasnost”) y de reestructuración política y económica (“Perestroika”). La transformación era inevitable en la Unión Soviética y auguraba la conclusión de la Guerra Fría que llegó en noviembre de 1989 con la caída del Muro de Berlín.
Esta evolución del sistema internacional y en la región centroamericana fue producto del realismo político y no de ilusiones infundadas. Tres décadas después, mientras la ONU y el Consejo de Seguridad se encuentran listos para fortalecer las negociaciones sobre el Sáhara, es innegable que la esperanza que emana del “Movimiento Saharauis por la Paz” contrasta con el “régimen Bouteflika sin Bouteflika” que no permite ser optimista en el corto plazo.


Por cierto, Argelia está siendo señalada estos días por las violaciones a los DDHH durante la emergencia por el coronavirus. Un grupo de influyentes eurodiputados, encabezados por Soraya Rodríguez, le expresó por escrito al Alto Representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, que ante el hecho de que el cambio en Argelia continúa en suspenso las “medidas de contención de la COVID-19 no pueden ser utilizadas como excusa para la restricción de las libertades de expresión y disensión en el país”. Rodríguez le cuestiona al Alto Representante por el rol europeo en Argelia y específicamente la preguntó: “¿De qué manera está realizando la Unión Europea el seguimiento de la situación de los derechos y las libertades en Argelia en el contexto de la COVID-19 y cuál es su evaluación del impacto que el brote puede tener sobre la evolución política y social en dicho país?”.
Marruecos debe mantener firme su gestión por la paz. Esa fue la última y mejor enseñanza de las negociaciones del Siglo XX en Centroamérica: no desistir de la resolución negociada de los conflictos. ¡Por supuesto que la búsqueda de la paz es una virtud! A propósito de la reciente visita a Marruecos del Papa Francisco, nos viene nuevamente a la memoria Juan Pablo II cuando exhortó a cultivar esa virtud durante aquel periplo de 1983 por Centroamérica: “Seamos todos artesanos de la paz”. Ese mismo punto clave de la humanidad, Confucio lo percibió meridianamente en aquella China pulsante -de tiranías y epidemias- que le tocó vivir entre el 551 y el 499 A.C. Así quedó plasmado en Las Analectas (14.42): (un hombre) “Cultivando su virtud, expande su paz a todo el mundo”.