Monseñor Martínez de Aguirre: “Hay miedo de que este Sínodo abra nuevos caminos”

Artículos de opinión

Por Vicente Luis García Corres (Txenti)

“No se puede montar un discurso ecológico y olvidarse de los pobres. Ahora nos toca escuchar la voz de la Amazonía”

El Sínodo supondrá una conversión pastoral, ecológica y sinodal para la Iglesia Vicente Luis García Corres (Txenti)

El vitoriano David Martínez de Aguirre, obispo de Puerto Maldonado, en la zona amazónica peruana de Madre de Dios, siempre ha procurado mimar a su parroquia de referencia en Vitoria, Ntra. Sra. de los Ángeles. Por eso, y a pocos días del inicio del Sínodo de la Amazonía, ha querido ofrecer en esta parroquia una charla titulada “Retos del Sínodo para la Amazonía”. 

Este dominico, nombrado por el Papa como uno de los secretarios especiales para el Sínodo, expuso, de manera muy didáctica, la génesis de este Sínodo, y cómo Francisco, formado en el seno de una Iglesia  encarnada en Latinoamérica, va dando pasos reales hacia una Iglesia de opción preferencial por los pobres, y ahora también comprometida con una ecología integral. Monseñor David expuso cómo el Papa Francisco nos conduce a “integrar la justicia y la ecología, lo que supone escuchar el grito de los pobres y el grito de la Tierra como un mismo grito”.

Según Martínez de Aguirre, este planteamiento de Francisco se entiende mejor recordando que el Papa es Mario Bergoglio, un argentino que ha pateado como sacerdote las calles de su tierra, que se ha formado en una teología fundamentada más en la vida; a diferencia de los papas anteriores, europeos, de formación aristotélica, tomista, muy racional. Esa concepción de la vida que la Iglesia experimenta en latinoamérica ha marcado al papa Francisco. 

Para entrar en materia, monseñor David utilizó unas imágenes grabadas con su móvil desde el avión, en las que se podía apreciar lo que denominó “la Selva volteada”, es decir, en la imagen se apreciaba un río, una zona verde de selva y unas grandes zonas de marrón claro que correspondían a las zonas devastadas, volteadas, para la explotación minera, preferentemente la búsqueda de oro. Comentó la repercusiones que, para las comunidades indígenas, tienen estas actuaciones humanas, cómo afecta a la vegetación, a la fauna, a los recursos naturales de los que viven y se alimentan esos pueblos. Recordaba un vídeo que circula por la red en la que un jefe indio responde al argumento de Bolsonaro que dice que es “mucha tierra para tan pocos indios”, contestándole que el planteamiento es otro, “que son pocos indios para defender tanta tierra”.

Otras imágenes mostraban otra zona de su vicariato en la que se lleva a cabo la quema de la chacla, el rastrojo. Un hábito que entre nosotros ya se ha demostrado su escasa eficacia y que allí siguen practicando. Recordando los recientes incendios en la Amazonía expuso brevemente el discurso de Bolsonaro, el presidente brasileño, que sostiene que el pueblo brasileño no tiene que cargar con la responsabilidad de que el cambio climático no afecte a los países que hace tiempo acabaron con sus bosques. “Qué bonito es, desde una situación de bienestar, montarse un discurso ecológico a costa de los pobres. Este es el discurso de Bolsonaro, y algo de razón no le falta”, reconoció monseñor David. Pero el discurso de Francisco es otro: “no se puede montar un discurso ecológico y olvidarse de la justicia, olvidarse de los pobres. Cualquier planteamiento ecológico debe considerar la justicia y ha de tener en cuenta a los excluidos de la tierra. Por lo tanto no se trata de imponer a unos países unas normas que les sigan poniendo en desventaja, sino que todo el planeta nos tomemos en serio el cuidado de esta casa común.”

Los objetivos de este Sínodo están marcados por nuevos planteamientos que la Iglesia, que los misioneros, han ido descubriendo en el día a día: “yo me puedo inculturar, puedo hacer “el machirenga”, me puedo poner una “cusma”, me puedo pintar la cara de “achote”, pero al final, son ellos los que tienen que tomar lo que les interese y soltar lo que no les interese, hacer su propio diálogo y empoderar lo suyo. Y por otro lado, está el diálogo interreligioso. Tenemos que aceptar que no todo el mundo encuentra en nuestra fe una fortaleza, y ello no quiere decir que no podamos trabajar juntos.”

Desde su experiencia personal como misionero y como pastor ha explicado el por qué de algunas cuestiones, que desde la voz del pueblo amazónico centrarán los debates del Sínodo.”Qué hace un obispo que tiene 150 mil kilómetros cuadrados, algo similar a toda la toda la cornisa cantábrica, y solo cuenta con 40 sacerdotes.”  Dijo que algún obispo ya había propuesto la eliminación del precepto dominical, por imposibilidad material de su cumplimiento; o que otro misionero reconocía que a él confesarse le salía carísimo, tanto como un depósito lleno de gasolina para el vehículo; o de otros que se confesaban a gritos desde una orilla a otra del río. “Nosotros, desde nuestra estructura europea donde, hasta no hace mucho, cada pueblo tenía su iglesia, su torre y su cura,  no podemos ver la Amazonía, no funciona allí nuestro esquema. La vida cristiana gira en torno a la Eucaristía, y allí muchos pueblos sólo pueden celebrarla una vez al año, cuando el “padresito” llega a su poblado. ¿Qué pasa con esos pueblos? ¿quedan fuera de la Iglesia?”. Monseñor David explicó cómo, hasta ahora, han intentado paliar esa falta de atención pastoral directa por parte de un sacerdote consagrado: “se forman catequistas” y a ellos se les faculta, desde las normas vigentes en la Iglesia, para bautizar, casar, y presidir Celebraciones de la Palabra. Esos catequistas se convierten en agentes de pastoral referenciales para la población. “Pero en la vida cristiana el centro es la Eucaristía. Y la Eucaristía construye la comunidad, y la comunidad construye la Eucaristía.” La Eucaristía es el elemento clave diferenciador de una comunidad católica de otra evangélica. En ese momento es donde surge la propuesta de los “viri probati”, cuando los obispos le trasladan al Papa: “es que no tengo curas. Pero tengo catequistas, que llevan 20 años, que son líderes espirituales entre los suyos, ¿podríamos (los obispos de la Amazonía)  estar facultados para dispensar del celibato a estos hombres y que puedan presidir la Eucaristía?”. Martínez de Aguirre matizó que no es el celibato lo que se cuestiona, que el celibato es y se reconoce como un valor dentro de la Iglesia. El asunto central es cómo garantizar la Eucaristía en esas comunidades a donde los consagrados célibes no están llegando. 

Directamente relacionado con este tema abordó también otra de las cuestiones que, desde las propias comunidades indígenas se hace llegar al Sínodo: el papel de la mujer en la Iglesia. “En misa ya lo digo yo: tanto en la parroquia de los Ángeles de Vitoria, como en la catedral de Puerto Maldonado, la presencia es del 80/90%.” El obispo reconocía que muchas religiosas son las responsables del sostenimiento de parroquias y de comunidades, que ejercen una diaconía efectiva, “pero no pueden ser diaconisas ….¿Podríamos pensar otras cosas?  Sabemos que mucha gente tiene miedo de que este Sínodo abra nuevos caminos, pero es que el Evangelio es una novedad, una Buena Noticia, y Jesucristo abrió nuevos caminos de relacionarse con Dios. La Iglesia puede abrirse hoy a nuevos caminos condicionada por la realidad.”

“El rostro de Cristo es un poliedro que cada cual ve desde su lugar. No se está cambiando nada de la Doctrina de la Iglesia, no se está cambiando nada de la Teología. Esta pluralidad de visiones sólo puede enriquecernos y es importante que unos y otros escuchemos la visión particular de cada uno. Y ahora nos toca escuchar la voz de la Amazonía. Así nos lo ha pedido expresamente Francisco.”

Explicó a los asistentes las tres conversiones que pide el Papa, conversión pastoral, ecológica y sinodal, poniendo el acento en la importancia de la sinodalidad en el modelo de papado de Francisco: “El Papa lo que nos pide, a toda la Iglesia, es una conversión pastoral, vamos a las periferias, en este caso a la Amazonía. Y el mismo  Papa da ejemplo con sus viajes y llevando a las periferias al centro del Vaticano. Otra conversión, la ecológica. Es evidente que el ritmo al que va el Planeta es insostenible, y hay países en los que esto se nota más. Mi vida afecta a la vida de los pobres, a la vida de la Amazonía, y si les afecta a ellos acabará repercutiendo en mi también. Y una conversión Sinodal. El sínodo es un invento de Pablo VI, y Francisco está dando un estilo propio.” Ochenta y siete mil personas censadas en la fase de preparación del Sínodo, y el hecho de que la mitad de los participantes sean laicos y laicas, agentes de pastoral y representantes de las comunidades indígenas es un dato importante. El mismo David ponía el ejemplo de su vicariato: “de mi vicariato participamos tres personas, y las otras dos son mujeres.”  Y daba otro dato: “el Papa ha sustituido a un cardenal por una mujer laica para hacerse cargo de la secretaría económica del Sínodo.”

https://youtu.be/1wlFJ48BZEE

El acto se celebró en el salón de actos parroquial y asistieron algo más de un centenar de personas.  Al comienzo monseñor David solicitó el testimonio de dos jóvenes que este verano han estado como voluntarios en un proyecto de formación de monitores de Tiempo Libre en una de las zonas del Vicariato. Nuria, natural de Durango, y Ander, natural de Vitoria-Gasteiz, han convivido durante un mes con miembros de las comunidades de la zona de Quillabamba. De su experiencia destacan la acogida recibida y la sensación de haber recibido mucho más de lo que han podido dar. Han experimentado las sensaciones a 4600 metros de altura, la incomunicación tecnológica y la comunicación personal superando hasta las barreras idiomáticas cuando compartieron con personas que hablaban solo en quechua.

Monseñor David para terminar explicó que su misión como secretario especial para el Sínodo será recoger todo lo que se diga para trasladarlo al Papa. También sugirió sumarse durante los 20 días que durará el Sínodo, del 6 al 26 de octubre, desde la oración, y propuso tener en las parroquias un cirio con el logo del sínodo que sirva de imagen y recordatorio para orar por los frutos del mismo. 

Non solum sed etiam

De una charla cargada de titulares como el de “ahora nos toca escuchar la voz de la Amazonía”, quiero traer a esta parte de mi particular non solum  la pregunta que monseñor David, se hacía y nos hacía “¿puede pensar la Iglesia otra cosa? ¿podríamos pensar otras cosas?”. Creo que no solo podemos, sino que debemos. Los grandes santos de la Iglesia destacaron también por atreverse a pensar “otras cosas”, por arriesgarse a no ser entendidos por una parte de la Iglesia de su tiempo. Y lo hicieron sin salirse del Evangelio. Hoy a una reformadora la tenemos por doctora de la Iglesia, a un pobre loco como el paradigma de la paz y la opción por los pobres; a una diminuta figura de mucho genio y oración le dimos el Nobel de la Paz, y así con tantos y tantos que se atrevieron a pensar otras cosas. Todo me dice que no vamos por mal camino. ¡Que Dios nos bendiga con los frutos de este Sínodo en el que nos atrevemos a pensar “otras cosas”.