María Martínez “Dios tiene muchas formas de hablar, y hoy puede ser la de ir a escuchar a María Martínez.”

Artículos de opinión

Por Vicente Luis García Corres (Txenti)

De Atea, anticlerical, proabortista, desesperada, y desahuciada de la vida, a neo conversa, feliz, defensora de la vida y testigo del Evangelio

El documento nacional de identidad de Amaya Martínez no responde hoy a quien realmente lo porta, porque Dios decidió un día que se llamase María. 

Pero no es lo único que ha cambiado en la vida de María / Amaya Martinez. De hecho los cambios no han sido tanto EN la vida, más bien lo que le ha cambiado a Amaya es LA VIDA.

Natural de Bilbao, hija de su tiempo, recuerda hoy que en su juventud “compró íntegro” el discurso de libertad para las mujeres de los 80. En el “paquete ideológico” venía incluido una gran dosis de capacidad de justificar todo en la vida. Esto le permitió enfrentarse a una decisión de la que hoy se arrepiente y por la que parte de su tiempo lo dedica a desmontar las bondades del aborto. 

María Martínez estará este fin de semana en Vitoria invitada por la Diócesis dentro de los actos de cierre del Año Santo Jubilar con motivo de los 50 años de la Catedral Nueva de María Inmaculada. 

María compartirá un encuentro con los jóvenes en la tarde noche del viernes en el aula Juan XXIII de la calle Jesús Guridi. Al día siguiente visitará varios conventos de clausura y a las 17:30 ofrecerá su testimonio en la Catedral Nueva. 

María trabajó varios años en una clínica abortiva. Formó parte del personal sanitario de la misma y su trabajo era tranquilizar a las embarazadas antes y durante el proceso de eliminación de la criatura, y después deshacerse con la trituradora de los restos orgánicos. 

Un diminuto piececito perfectamente formado fue el detonante para ser consciente de que aquello no era un “coágulo de sangre”. Pero frente a ese “piececito” dió un paso atrás. No era fácil renunciar a todo lo logrado.

Circunstancias de la vida que terminaron con la separación de su marido le acabaron llevando hasta el Himalaya. Un desastre natural provocó la llamada urgente de voluntarios sanitarios y, sin más aliciente en la vida que el de incluso acabar con la suya marchó para allí sin saber que en aquel viaje Amaya moriría y nacería María.

En ese viaje se tropezó con las monjas de Madre Teresa, y con ellas descubrió que “Alguien la estaba esperando desde hacía tiempo”. Amaya  se encontró con Dios, se descubrió como María. 

Hoy, María recorre el mundo contando su experiencia, su vida, sus errores, y el gran descubrimiento que puso del revés toda su vida. 

Antes de su llegada a Vitoria hemos podido hacerle algunas preguntas, sin desvelar el contenido de su testimonio.

María o Amaya? Por qué no María Amaya?

La verdad es que tampoco me he planteado hoy que lo del nombre sea algo que quede reflejado en un documento. María es el nombre que Dios les sugiere a las hermanas de la Madre Teresa cuando estoy con ellas. Amaya es mi vida pasado y María es mi vida actual.

¿Cuánto tiempo llevas ofreciendo tu testimonio por el mundo?

Testimonio empecé a darlo desde que me convertí. Hablamos de octubre de 2017. Y lo que es el formato de charla testimonio comenzó en febrero de 2019 con un encuentro programado por la Asociación Provida y que se hace en la Universidad del País Vasco. En mayo se graba mi intervención en San Sebastián y que circula por internet, y después ya es una actividad continua hasta hoy. 

¿Cuentas siempre lo mismo o se ha enriquecido tu testimonio con el tiempo?

La base del testimonio sí es la misma por que es el relato de un pasado que es el que es, pero sí es cierto que ha ido variando cómo focalizar la espiritualidad de cada encuentro. Lo que llevo es oración y ayuno antes de cada encuentro para que el Espíritu Santo sea quien de verdad dirija cada intervención. Al final Él sabe los corazones que hay frente a mi y habla y enfatiza en función de las circunstancias que tengo delante y que a veces luego descubro. Por ejemplo a veces Dios enfatiza más en el tema del suicidio y luego descubro que en esa sala había alguien que se había planteado el suicidio, o bien sobre el tema de la fidelidad conyugal porque allí había matrimonios con problemas. Lo que sí le pido al Señor es que me permita revivir el relato de mi conversión como si octubre del 2017 fuese el mes pasado, para poder hacerlo con la misma ilusión y frescura de la primera vez.

¿Has podido constatar los motivos por los que la gente acude a oírte? curiosidad, morbo, reafirmar sus ideas sobre el aborto, pedir consejo,…

Pues una gran mayoría acude para darme las gracias, para mirarme a los ojos, para tocarme. La mayoría ya ha visto alguno de los vídeos que hay en internet. Vienen para pedirme oraciones. De verdad que no me he encontrado a nadie que vaya ni por morbo ni por curiosidad. Lo que sí he visto casos de gente alejada de Dios y que han querido ver un testigo de Dios en la tierra y se llevan esa certeza.

¿Qué razones darías a jóvenes y mayores para acudir a escucharte?

Quien vaya va a escuchar un testimonio de vida. Van a ser testigos en vivo y en directo de un milagro, mi conversión. Y hoy día todos queremos ir a ver milagros. Es como si les dijéramos, Jesús de Nazaret va a venir a Vitoria, ¿no irías a escucharle? o San Pablo viene a Vitoria ¿No irías a escucharle? Les diría que vayan porque Dios tiene algo que decirles personalmente a ellos. Dios tiene muchas formas de hablar hoy, y en esta ocasión puede ser la de ir a escuchar a María Martínez.

Non solum sed etiam

Pues parece que voy a ser el primero que vaya a escuchar a María por curiosidad. Ahora bien, en la vida uno ya ha visto muchas cosas y no descarto que los planes de Dios sean otros. Pero reconozco que María/Amaya, una “Pablo de Tarso” de hoy, me crea curiosidad. Últimamente estoy encontrándome con neo conversos de lo más singulares. Hombres y mujeres a quienes un encuentro con Dios les ha dado la vuelta a su vida como si de darle la vuelta al calcetín se tratara. Y, aunque cada historia es diferente, personal e intransferible, sí hay algunos elementos comunes. Tienen un don de la comunicación, pero muchos lo tenían ya antes. Algunos reconocen que todo ese don que un día lo pusieron al servicio del mal hoy lo tienen que poner al servicio de hacer el bien, al servicio de Dios. Otro rasgo es que no tienen sensación del “ridículo”. No se avergüenzan ni de alabar a Dios, ni de emocionarse hasta llorar, ni de gritar Aleluyas, ni de reconocerse instrumentos de Dios en la Tierra. Sin duda el “golpe” de caerse del caballo es importante y serio. Quizá, por eso a quienes, como mucho, nos hemos caído del patinete, María y otros como ella nos crea curiosidad. Pero sin descartar que mañana les busquemos para darles las gracias.