La Diáspora desde la Diáspora por la saharaui Emgaili Jatri

España Euskadi

Ponencia de la investigadora de origen saharaui Emgaili Jatri, pronunciada en la Facultad de Ciencias Sociales y de la Comunicación del Campus de Leoia (Bizkaia) de la Universidad del País Vasco, en el marco del taller “Diplomacia de la diáspora política y comunicación en la Convergencia de la era de la hipermedia”, el 9 de noviembre de 2018, en la que aborda un análisis pormenorizado sobre la diáspora saharaui desde la respuesta a sus propias preguntas: “¿Cómo se desarrolla una conciencia de diáspora? ¿La diáspora saharaui es un producto de la ideología política del Polisario? ¿Cómo emergieron las diásporas saharauis? ¿Cómo se organizan? ¿Qué factores están relacionados con las diversas diásporas saharauis? ¿Qué estructura domina dichas organizaciones? ¿Son auto-eficientes y autónomas? ¿Las diásporas saharauis son el observatorio de la cultura y la lengua saharaui? ¿Qué agenda promueven? ¿En qué condiciones se encuentran? ¿Qué papel tienen las mujeres y cómo están tratadas? ¿Podemos considerar el espacio online un doble espacio de diáspora? ¿Cómo afecta la diáspora al proceso de reconstrucción de la identidad de la mujer saharaui?”.

Un trabajo académico en el que la investigadora concluye que “en el espacio de la diáspora saharaui, hoy por hoy, se esconde el sistema patriarcal y el aislamiento. Una estrategia donde pretenden demostrar el respeto a la diversidad para ir tapando la situación real de desigualdades, y donde se margina a los grupos que no pertenecen a las jerarquías, aduciendo que se trata de educarnos en nuestra cultura”.

DIÁSPORA SAHARAUI: IDENTIDADES DESTERRITORIALIZADAS

1.ESTADO DE LA CUESTIÓN

Desde mi punto de vista, las llamadas “comunidades” u “organizaciones de la diáspora”, que agrupan a la población emigrante, son una de las patas del multiculturalismo. Aunque pueden interpretarse como asociaciones que procuran la solidaridad entre sus miembros vinculados por sus orígenes comunes, también pueden visualizarse como centros que sirven para ocultar el aislamiento, la discriminación, la división o un sistema de patriarcado. Ahora son muchas personas que pretenden hacer justicia a las reivindicaciones culturales e identitarias sin siquiera preguntarse lo que significa: “identidad, cultura, tu cultura, la cultura, de ellos”. Estoy de acuerdo con la escritora feminista Wassyla Tamzali cuando dice que “el derecho a organizarse bajo intereses identitarios, culturales o religiosos suplanta ahora a todos los demás. Ahora ya no son los principios de igualdad de derechos de todos los seres humanos aquellos que priman, sino los de la recuperación de la identidad y de la cultura propias, cuyos significados se dejan abiertos a la percepción de cada cual. Libertad- igualdad es un viejo lema que ha perdido su capacidad de hacer que progrese la historia”.

Diáspora saharaui.

El hogar de la diáspora es la identidad, la patria, el lugar de pertenencia y origen. Pero para mí, y seguramente para la segunda y tercera generación de los saharauis, hogar y patria son un sueño que quizás no existe, salvo en nuestra imaginación. La “patria” es un lugar idealizado que despierta sentimientos de tristeza y enojo; un país que existe sólo en la memoria de las abuelas y los abuelos. Hablar de “diáspora desterritorializada” es tal vez la forma más adecuada para abarcar la existencia de diversas identidades.

Muchas de nosotras vivimos y hemos vivido en diferentes culturas, adaptando nuevas costumbres y formas de vida, construyendo identidades diversas y diferentes a las de nuestros padres y antepasados. Las diásporas son espacios y experiencias heterogéneos, incluso si se implican en la construcción de un “nosotros común”. Es importante, por lo tanto, poner atención a la naturaleza y al tipo de procesos en los cuales y a través de los cuales se constituye el “nosotros” colectivo. Por ello, me surge una batería de preguntas.

Así, ¿Cómo se desarrolla una conciencia de diáspora? ¿La diáspora saharaui es un producto de la ideología política del Polisario? ¿Cómo emergieron las diásporas saharauis? ¿Cómo se organizan? ¿Qué factores están relacionados con las diversas diásporas saharauis? ¿Qué estructura domina dichas organizaciones? ¿Son auto-eficientes y autónomas? ¿Las diásporas saharauis son el observatorio de la cultura y la lengua saharaui? ¿Qué agenda promueven? ¿En qué condiciones se encuentran? ¿Qué papel tienen las mujeres y cómo están tratadas? ¿Podemos considerar el espacio online un doble espacio diaspórico? ¿Cómo afecta la diáspora al proceso de reconstrucción de la identidad de la mujer saharaui?

Antes de responder a estas preguntas, me parece oportuno proporcionar un rápido resumen de la historia del pueblo saharaui.

El pueblo saharaui pertenece al complejo llamado “Trab al-Bidan”, un pueblo nómada en lo que hoy se conoce como Mauritania, el oeste de Mali y el sudoeste de Argelia. Según Alberto López Bargados el término “Trab al-Bidán” hace referencia tanto al territorio como al conjunto de la sociedad. Por su parte, Rodríguez Esteban señala que, a lo largo de más de 16 siglos, los diferentes pobladores de la zona que formaron Trab al-Bidan fueron, en primer lugar, el pueblo bereber, en torno al siglo II y III. Posteriormente, durante el siglo VII se produjo la islamización de la zona, pero no fue hasta el siglo XI que, con los Almorávides, una coalición bereber, se impuso el sunismo en la zona. En último lugar, llegaron a la región los Bani Hassan, un pueblo nómada de origen árabe procedente del Yemen. Éstos se expandieron durante los siglos XII al XIV y se consolidaron como pueblo predominante en la región. De ellos procede el hassanyia, la lengua de los Bidan. Como señala Rodríguez Esteban, de allí viene el origen del pueblo saharaui o, mejor dicho, el de la mayoría de sus tribus. La colonización francesa y española del Bidan supuso, la división de la sociedad Bidan entre diferentes soberanías, dando lugar así al pueblo saharaui.

La particular historia de este pueblo, su pasado como un pueblo nómada y su actual situación, fragmentado y disperso, hace más complejo hablar de una única identidad o pertenencia. En este sentido, la búsqueda de una definición de la diáspora saharaui parece una tarea imposible. Pero si tratamos de enfocarnos en el sujeto diaspórico de la primera diáspora en el exilio, me parece adecuado tomar en cuenta la tipología de William Safran que trató de construir una definición basada en la idea de trauma, exilio y nostalgia. También podemos recurrir a la definición de la Real Academia de la Lengua Española, que señala la diáspora como una “dispersión de grupos humanos que abandonan su lugar de origen”.

Así mismo, y como bien sabe la población saharaui, hace tiempo que se desencadenó en los campos de refugiados de Argelia un movimiento de “la diáspora desde la diáspora”. Un proceso poco estudiado en el ámbito académico hasta la fecha y difícil de mesurar, tanto por la falta de atención hacia esta cuestión como por el control que ejerce el Polisario sobre la información sobre la población, sea en los campamentos o en otros lugares del mundo.

2.FACTORES DE LA DIÁSPORA DESDE LA DIÁSPORA PERMANENTE

La mayor salida de “la diáspora desde la diáspora” se dio en la década de 1990, tras el alto el fuego y la posterior congelación del conflicto. Hasta ese momento, los jóvenes que iban a estudiar al extranjero regresaban a los campamentos de refugiados con el fin de proseguir desde allí la lucha por la liberación. Para muchos de estos niños el periodo de estudios suponía, a muy temprana edad, un segundo desplazamiento, que, aunque menos traumático que el de sus padres, implicaba una separación radical de sus familias durante un largo periodo de tiempo, durante el cual, se pierde la lengua y la cultura.

En el caso de los niños que fueron elegidos para hacer sus estudios en Cuba, la estancia de estudio se prolongó hasta quince años. Esta generación de jóvenes fue la primera en emprender un nuevo proceso de movilidad fuera de los campamentos, lo que ellos llaman su “tercer exilio” (Alice Corbet).

La desesperación y la sensación de haber sido engañados durante el proceso de paz fue adquiriendo fuerza entre la población. Según Carmen Gómez Martín, el programa “Vacaciones en Paz en los años 1990”, supone la primera vía de escape, ya que muchos de aquellos jóvenes se presentaron como monitores voluntarios para acompañar a los niños saharauis a España y, aprovechando esa situación, intentaron quedarse en el país. Los llegados a territorio español no contaron con el apoyo ni del Frente Polisario ni de la potente red de solidaridad española con la causa saharaui. Incluso el Polisario responsabilizó a esta generación de su propia estancia en España. Según Carmen Gómez, la migración de los primeros años de la diáspora en España no fue vista con buenos ojos.

Debe entenderse que la presión sobre la diáspora es doble y que la genera tanto la sociedad como las autoridades saharauis que, en un principio, perciben la migración como una forma de traición a la causa y a los esfuerzos realizados para formarles como futuras élites del Estado saharaui. En cierta medida, su salida no sólo rompió con el proyecto educativo conformado durante varias décadas por el Frente Polisario, sino que introdujo el miedo a un posible vaciamiento de los campamentos.

Ante esta situación de rechazo, los saharauis en países europeos empezaron organizarse. Los primeros intentos de formar organizaciones de la diáspora, tienen lugar en las Islas Canarias, en la Comunidad de Madrid y en Cataluña. Sus primeros pasos son, sin embargo, inseguros, debido a las reticencias expresadas por el Frente Polisario a que estas organizaciones se constituyan al margen del organigrama oficial del movimiento de liberación nacional.

A diferencia a otras diásporas, las diásporas saharauis operan como organizaciones. Por ejemplo, en los campamentos de Tinduf nos encontramos con dos formas: uniones nacionales y organizaciones de masas que incluyen a la población (como la de las mujeres UNMS, jóvenes UJSARIO y trabajadores UGTSARIO), pero de alguna forma todos ellos están ligados al Frente Polisario.

En el caso de la diáspora en Argelia algunos fundamos un movimiento de estudiantes universitarios: “La Liga de estudiantes y jóvenes saharauis en el Estado Argelino” en 2006 y también la Revista Amal, en 2005. Asimismo, la revista Futuro Sahara fue una iniciativa privada, fundada y dirigida por Said Zarwal, que desde 1999 sigue funcionando hasta el día de hoy.

En los países europeos, y cuando la migración resulta una realidad innegable, el Frente Polisario suele terminar aceptando la constitución de las asociaciones de migrantes saharauis. Una decisión que se ve alentada, por diversos motivos, entre otros, por los beneficios económicos que la migración estaba reportando en los campamentos de refugiados y porque la temida idea del vaciamiento de los campamentos no se estaba produciendo. También por el agotamiento que se produjo en el espacio de “los amigos del pueblo saharaui” y por el objetivo de controlar la agenda de las diásporas.

Las organizaciones saharauis adquieren diversas formas y son, mayoritariamente, organizaciones de carácter asociado a la problemática de la migración y de los refugiados: colectivos de jóvenes universitarios y grupos culturales y de intelectuales. Así: La Generación de la Amistad, los colectivos de jóvenes y estudiantes en España, “la Liga de Estudiantes Saharaui”, creada en 2011, o la Association Réfugiés Sahraouis en Francia. Cabe acordar que El grupo de intelectuales y escritores “La Generación de la Amistad” surgida en el contexto migratorio es la que ha conseguido con mayor éxito visibilizar la historia y la cultura saharaui a través de la poesía.

Otras organizaciones surgieron con un doble objetivo. Por un lado, activar los contactos y las redes de información y apoyo entre los migrantes instalados en España para poder llenar el vacío de representación que existía en el espacio. Y, por otro, completar el trabajo del Frente Polisario y del movimiento de solidaridad para hacer visible la problemática del Sáhara Occidental.

En su conjunto, las actividades de estas organizaciones son como “una cosa del pasado”, fundidas en un agujero que lo consume todo. Están encaminadas hacia lo que Jacques Ranciere denomina “la lógica del acuerdo”, donde dicha lógica pasa por un acuerdo sistematizado e instrumentado por el Polisario y, al mismo tiempo, por la lógica de una diáspora dominada por decisiones tribales. Su estructura se forma a través de los espacios y tiempos, ligados a decisiones y a la agenda nacional del Polisario y a las “fiestas nacionales”.

Asimismo, aún no están desempeñando ninguna función en las sociedades de acogida, ni han tenido grandes logros para promover una iniciativa que favorece o une a sus organizaciones en la diáspora. Su pequeña trayectoria hoy por hoy es como una botella de champán que se resiste a ser descorchada, soportando una presión cada vez más elevada de su gobierno y del sistema tribal.

Las condiciones de la diáspora saharaui en el Estado español son muy precarias, por la falta de preparación, a nivel profesional e individual y la autoexclusión de la vida económica en la sociedad de acogida. Además, la etnicidad saharaui y la solidaridad entre su gente se construyen en base a la tribu. Asimismo, está la ausencia de financiación, tanto por parte del Frente Polisario y como de la red de solidaridad, y lo más importante desde mi punto de vista, la falta de una agenda que apele por los intereses de una comunidad “desde abajo a arriba”. Además de la incapacidad de construir un centro de referencia bien sea de carácter cultural o lingüístico, independiente o no del Polisario.

La pérdida de la pertenencia a la patria que se observa en la segunda y tercera generaciones saharauis, como señala William Safran, puede ser un problema para el uso teórico del término “diáspora” y un desafío en la que está sujeta también la diáspora saharaui.

3.¿QUÉ PAPEL JUEGAN LAS MUJERES EN LA DIÁSPORA?

La situación de las mujeres saharauis, sean de la primera diáspora o de la diáspora desde la diáspora, son el calderón de este ardor, del que hemos hablado anteriormente. Presenta una realidad más compleja y hace que estos procesos sean más duros para ellas y “polémico” para su entorno. Además de los factores que influyen en la reconstrucción de su identidad, la desigualdad está asociada a la propia cultura del pueblo saharaui. Su infancia sumergida, como dice Sophie Caratini, en un abismo que separa el ideal de igualdad de la realidad tangible y un abismo que separa también este ideal de las representaciones de uno mismo y del otro.

Asimismo, su estancia en la “primera diáspora” está muy vinculada a la discriminación y al pensamiento del patriarcado y las “tareas del hogar” y más tarde sustituyendo a su madre cuando es mayor. Además, a la mujer se le considera menor de edad hasta que se casa.

Aquí puedo citar un ejemplo clarísimo de la discriminación contra ellas simplemente por el hecho ser mujer. En los años noventa el Polisario anuló la participación de las chicas en el programa de educación en Cuba y actualmente ya no mandan mujeres a este país, con la excusa de que las chicas han perdido la cultura y la identidad y sus raíces saharauis. Pero me preguntó ¿Cuál es la cultura del Sahara? y ¿por qué sólo las mujeres están sometidas a prácticas culturales discriminatorias?

En espacios diaspóricos en los países europeos, las mujeres son tratadas por aquello por lo que después va a ser juzgada en la sociedad saharaui: su forma de vestir, la belleza. etc. Por ejemplo, mi madre y mis hermanas me dicen que no vaya a los encuentros saharauis sin melfa o sin tapar la cabeza, que no utilice el castellano y que sólo hable hasania; que no es como cuando estaba en Argelia, ya que en los espacios diaspóricos en España o en Euskadi hay mucha gente mayor y “no les gusta que las chicas vayan vestidas como europeas”. “Si no quieres ponerte el melfa no digas que eres saharaui”, me dicen. En los campamentos hablan mal de esas chicas, porque para ellos, “el honor de la familia está por encima de mi propia identidad”.

La estancia en España, Argelia, Francia o Cuba puso en jaque la identidad de las mujeres saharauis según las familias y la sociedad saharaui. La tecnología ha abierto una oportunidad para ellas, y utilizan las redes sociales como un espacio diaspórico para expresar la realidad en la que viven. Se refugian en redes sociales como una comunidad de diáspora autogestionada y bien documentada. Algunas utilizan sus nombres, pero la mayoría son anónimas, por el miedo de ser descubiertas y a la represalia que pueden recibir de parte de la familia y la sociedad en general.

El proceso de reconstrucción de las mujeres jóvenes que viven desde pequeñas en el territorio español está unido a uno de los programas más polémicos del Frente Polisario, “Vacaciones en Paz”, y han hecho que la mujer saharaui viva verdaderos episodios de privación de libertad y voluntariedad. Cabe preguntarse ¿dónde está el futuro diaspórico si no existe la libertad de elegir o si tenemos que seguir atadas a decisiones tribales o a una ideología política? O ¿dónde queda la defensa de los DDHH en los espacios de la diáspora saharaui?

A nivel de liderazgo y según hemos podido observar, la mayoría de las organizaciones siguen encabezadas por hombres. Excepto en el caso de “La Asociación de las Mujeres Saharauis en España (AMSE)” fundada y dirigida por Zahra Ramdán, con sede en Madrid desde 2004. Estos días el periódico Futuro Sahara está hablando de una nueva iniciativa llamada “La Coordinadora de Las Mujeres Saharauis en Europa”, que salió a la luz en Burdeos Francia el 27 de octubre de 2018. Pero me parece que se asemeja mucho a las otras organizaciones, en el sentido de agenda y control por parte del Polisario.

4.CONCLUSIONES:

Debemos seguir reflexionando sobre las llamadas “comunidades de la diáspora” y su relación con los principios de Libertad e Igualdad, sobre las categorías de género y el papel de las mujeres. En el espacio de la diáspora, hoy por hoy, se esconde el sistema patriarcal y el aislamiento. Una estrategia donde pretenden demostrar el respeto a la diversidad para ir tapando la situación real de desigualdades, y donde se margina a los grupos que no pertenecen a las jerarquías, aduciendo que se trata de educarnos en nuestra cultura.

Su espacio y su agenda diaspórica no es más que un grito al punto muerto “independencia”, donde almacenan la esperanza de un Sahara libre. Las etiquetas que aparcan son la fórmula que nos abrasa la piel, donde por desgracia nos obligan a mamar nuestra tribu y nuestra cultura. Cultura que la mayoría ni siguiera conoce. Ignorando que gran parte de las/os individuos de la diáspora se han enfocado en la condición de la diversidad que resulta de estar ubicados simultáneamente en varios lugares.

La historia demuestra que somos un pueblo nómada que se fue trasladando de un lugar a otro dejando atrás sus raíces. Un pueblo cuya única patria era la tribu, como apunta Caratini en su artículo “La presión del tiempo”. Hoy la diáspora en su pluralidad caracteriza al Pueblo Saharaui. Una diáspora desde la diáspora y en la diáspora donde permanece bloqueado, dominado por un espíritu machista que no ha hecho más que ser seguir encerándonos en la capsula el tiempo.
Cabe preguntar entonces, ¿Si se agota la conciencia con el proyecto de la independencia y con el paso del tiempo, dejaremos de considerar las diásporas saharauis como sujeto diaspórico? O si, por el contrario, se alcanzara la independencia ¿perderían las diásporas su relación con una patria idealizada?

Vivimos en un tiempo en el que el fenómeno de la diáspora, por diferentes motivos, guerras, economía, etc., no para de crecer e involucrar a un número cada vez más importante de la población. Aún es pronto para conocer la identidad y la dimensión de un fenómeno muy complejo.

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Fuente: Emgaili Jatri y La libertad es su derecho