La despolitización de la sanidad pública

IvanGonzalez Málaga Nacional Opinión

Todo el mundo habla de la reforma del sistema sanitario, pero nadie dice cómo se ha de proceder para acometerla


NOTA: El presente artículo de opinión hace referencia a otro publicado en Málaga, en Diario Sur, escrito por Ángel Escalera, a quien quiero felicitar por su acertada reflexión.


Comienza Escalera con una frase magistral: “La sanidad pública no debería tener colores políticos”. En efecto, pero tal y como funciona la partidocracia en este país, teniendo en cuenta que para algo tan importante como es la educación, equiparable a la sanidad, jamás se llegó a un acuerdo nacional que permaneciera vigente por más de ocho años, ya que la tendencia del partido que entra a gobernar es derogar todo aquello que legisló el anterior, y que la competencia de sanidad está transferida a las comunidades, todo en su conjunto, hace casi imposible la despolitización de la sanidad, debido en gran parte a la ineptitud de la clase política dirigente.

El periodista, a su vez, hace referencia a unas palabras pronunciadas por el presidente del Colegio de Médicos de Málaga, Juan José Sánchez Luque: “En la sanidad pública se vende humo en numerosas ocasiones y se genera fuego”. Y, en este sentido, solo cabría añadir que se vende prácticamente siempre, con objeto de hacer fuego, y efectivamente, en la línea de lo que denuncia Escalera, ganar votos. Esto es así, y se cumple a rajatabla, sobretodo, en época preelectoral, cuando desde la intuición, se otea en el horizonte, el adelanto inminente de unas elecciones de carácter regional, de las que depende la materia que, en este artículo, estoy tratando.

“Los partidos utilizan los problemas sanitarios como arma arrojadiza para arrearle a los contrincantes donde más le duele”, afirma. Y, probablemente, sea así. Pero en el caso de Andalucía, es el PSOE -a cargo hoy de Susana Díaz- el principal responsable de que la Sanidad andaluza sea la peor de España y de Europa, después de ser el único partido que ha gobernado en nuestra autonomía desde que tuvo lugar la Transición. Por consiguiente, y a colación de que Málaga sea la provincia andaluza que menos camas hospitalarias tiene por habitante, es lógico y normal que la falta de un tercer hospital para la ciudad, acumulando ya más de diez años de retraso desde que María Jesús Montero, consejera de Sanidad por entonces, anunciara el macro hospital en los terrenos del Hospital Civil, sin que nunca llegara a construirse, con la complacencia de Daniel Pérez, que en aquel momento era delegado de Salud de la Junta de Andalucía en Málaga -y, hoy, candidato del PSOE a la alcaldía-, sea motivo de crítica negativa. Y, es mi obligación afear a la actual consejera de Sanidad, Marina Álvarez, sus declaraciones sobre que el distrito Este no necesita un Chare, cuando entre Torre del Mar y Málaga no hay ningún centro público de Atención Hospitalaria Especializada, y que de ser construido, podría atender a la población incluida en el término municipal de Rincón de la Victoria -no debiendo olvidar que pertenece al Distrito Sanitario de Málaga, a su vez, fusionado con el del Guadalhorce- y en el distrito Este de la capital malagueña, de aproximadamente unos 105.000 habitantes; una cifra nada desdeñable. Y, digo que es mi obligación, tanto política como moral, no solo por mi papel de candidato del partido LIBRES a la alcaldía de nuestra ciudad, sino también por ser un profesional sanitario que durante diecisiete años de su vida ha prestado sus servicios en el Sistema Sanitaria Público Andaluz (SSPA).

Según lo anterior, después de tanto tiempo trabajado como dentista en el Servicio Andaluz de Salud (SAS) -siempre con vocación de servicio público-, con cierta y humilde perspectiva alimentada por mi experiencia laboral, puedo corroborar que “los partidos utilizan los problemas sanitarios como arma arrojadiza para arrearle a los contrincantes donde más les duele”. Y, ya no tanto como político o como profesional, sino como persona de a pie, o bien, como usuario final de la sanidad pública, afirmo que a la dirigencia política responsable, en este caso del PSOE -y en su mayoría-, la situación laboral de los profesionales que ejercen su labor, tanto en Atención Primaria como en Atención Hospitalaria, le importa un bledo.

Y prosigue el autor: “Los que así actúan, que son todos y sálvese el que pueda, creen que de esa manera van a obtener un beneficio electoral”. Humildemente pienso que, no solo lo creen sino que así será. Ya está todo calculado. Todo tiene un precio. El problema radica en que es el usuario final, en este caso el ciudadano de a pie, el que siempre termina pagando el pato. Utilizar el reproche sanitario desde la oposición contra el partido de turno en el gobierno, se ha convertido en una forma habitual para el ejercicio de la política, de la que muchos medios de comunicación se alimentan; sálvese el que pueda. Pese a la crítica razonable de Escalera, sigo contemplando cómo PSOE y PP, partidos protagonistas del bipartidismo que nos impide levantar la cabeza al resto de nuevas formaciones, siguen ocupando la primera línea de notoriedad mediática. Los partidos clásicos, más los medios de prensa y televisión, en conjunto, forman un entramado viciado y pseudoblindado, siendo la reflexión del periodista la agradable aguja de un pajar inexpugnable y casi inaccesible para aquellos que hemos iniciado humilde andadura en el camino de la política.

Es necesario sacar a la luz las carencias del sistema sanitario, y no solo del andaluz, sino del resto del país; con objeto de defender el bien común. Pero esto, viendo la cerrazón con que se gestiona esta materia desde cada comunidad, va a ser prácticamente imposible. En España, tan difícil es alcanzar un pacto por la Educación como lograr uno por la Sanidad. A decir verdad, hay cuestiones de máxima prioridad que deberían quedar por encima de partidismos y politizaciones. Sin embargo, esto hoy no ocurre. Y, no ocurre, no por culpa de la política, sino de los malos políticos. En sí mismo, el ejercicio de la política es noble, pero se maligniza cuando éste se encorseta en parámetros que desconocemos, tomando como referencia intereses espurios de espaldas a los ciudadanos.

España necesita de un pacto sanitario, en donde cada ciudadano sea tratado con equidad independientemente del lugar donde resida. Las prestaciones de la Cartera de Servicio del Sistema Sanitario Público Nacional deben ser las mismas en todo el territorio. Asimismo, urge hacer un esfuerzo por implementar la Tarjeta Sanitaria Única. Es más, para evitar el despilfarro en cada comunidad, debe crearse una gran central de compras en Madrid, a fin de abastecer las necesidades farmacológicas de la población, y evitar por ejemplo el despropósito del medicamentazo o Subasta de Medicamentos en Andalucía, que priva a muchos andaluces de la prescripción médica de ciertos productos farmacéuticos que sí pueden ser prescritos en otras comunidades y que, además, provoca la desadherencia terapéutica en el paciente. Hay pacientes polimedicados de edad avanzada a los que les cuesta dominar la pauta de administración de las medicinas que periódicamente han de tomar. Si a esta dificultad, se le suma el cambio obligado del producto por culpa del frecuente desabastecimiento por el que se caracteriza la subasta de Susana Díaz, el riesgo de confusión para el paciente aumenta considerablemente.

Totalmente de acuerdo con el autor en que “los males de la sanidad pública se resuelven con unidad de acción, no con banderías que lo único que pretenden es dejar en evidencia al oponente”, pero invitando a todos los actores políticos, no solo a los de siempre. Los medios de comunicación, preferentemente, cubren informativamente a los partidos clásicos. Sin embargo, las propuestas de formaciones nuevas y emergentes quedan en la intrascendencia mediática más absoluta. Y es esto lo que hay que cambiar para comenzar a informar y dar cabida a otra forma de hacer política.

En sanidad como en educación, la solución no es apartar la política. Insisto. Los que tienen que dar un paso atrás y marcharse son los malos políticos. Estoy seguro de que los buenos no tendrán ningún problema en permitir que las reformas necesarias se rijan por criterios estrictamente profesionales. Y, éste es mi posicionamiento, tanto como presidente de LIBRES, como en calidad de candidato de mi formación al Ayuntamiento de Málaga para las próximas elecciones municipales.

Por supuesto que es necesario despolitizar la sanidad pública, pero sin renunciar ni a los buenos gestores que pueda haber en la clase política ni al criterio estrictamente profesional de científicos, docentes y trabajadores directamente relacionados con la materia a tratar. Si otros países europeos han logrado consensuar un pacto por la sanidad pública, España tiene mimbres suficientes como para hacer lo propio. Tan solo es cuestión de voluntad y cerrar acuerdos. En efecto, tanto la sanidad como la educación “merecen un trato distinto que repercuta positivamente en los pacientes” como en la ciudadanía en general, respectivamente.