Hugo Quiroz, parlamentario andino: “la verdadera democracia es el acceso de todos a los derechos fundamentales”

Entrevista

Por: Vicente Luis García Corres (Txenti)

“Jamás habrá felicidad completa en quien echa de menos su país”

“No podemos permitir que los migrantes vivan periodos de abandono hasta lograr la regularización”

«La iglesia tiene que conciliar, que llamar al diálogo, a la justicia social, a encontrarnos entre seres humanos.»

Procedente de Ecuador se encuentra en Euskadi Hugo Quiroz Vallejo, quien hasta el pasado mes de julio ostentaba el cargo de presidente del Parlamento Andino, del que sigue siendo miembro. Quiroz viene acompañando al misionero vasco Juan Ramón Echevarría para presentar en la Diócesis de Vitoria y a las instituciones vascas el proyecto “Raíces y Sueños de San Isidro”, una iniciativa liderada por el misionero alavés que busca recuperar y visibilizar la cultura del pueblo montubio. La puesta en marcha de un museo y casa de la cultura montubia para recuperar tradiciones ancestrales de esta comunidad indígena ecuatoriana con la que los misioneros vascos, que iniciaron la gesta misionera en 1948, se encontraron en sus primeros destinos.

Entrevista integra 

El Parlamento andino es un órgano supranacional que agrupa a los países de Colombia, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador. También participan como observadores países tan dispares como Marruecos, Turquía o Argentina. Este parlamento tiene funciones de armonización legislativa en todas aquellas cuestiones que les son comunes, además de ser una voz autorizada a la hora de hablar sobre cualquier país latinoamericano. Por eso, y aprovechando la presencia de Quiroz le preguntamos sobre la situación en algunos puntos calientes de Latinoamérica, empezando por su país, Ecuador, donde hace poco bajaban las aguas revueltas.

–  La situación en Ecuador sigue tensa, porque mientras haya pobreza, desigualdad, injusticia, mientras no haya una educación de alta calidad y de acceso para todos, mientras  los jóvenes no logren empleo. Mientras haya acaparamiento de la riqueza de nuestro país en pocas manos, siempre habrá tensiones y que los ciudadanos reclamen medidas. La injusticia de un justo reparto de la riqueza es lo que nunca nos va a dejar vivir en paz. Hay que escuchar el mensaje que los jóvenes nos dan hoy: los jóvenes no quieren saber nada de izquierdas y derechas, quieren saber de bienestar, quieren saber de un país de oportunidades.

Ese patrón se repite en otros países como Chile, en el que después de las revueltas parece que encuentra luz al final del túnel con la redacción de una nueva Constitución para el país. Constitución que, según usted, ¿dónde puede encontrar su referente?

–  En su realidad. En su gente. En Ecuador aprobamos en 2008 una Constitución en la que se garantizan los derechos de los ciudadanos, derechos que además de estar recogidos por escrito han de ponerse en práctica. Imagino que esa es la idea de nuestro país hermano de Chile, redactar una Constitución que dé respuesta a los deseos de la ciudadanía chilena. La democracia no puede ser solo el momento en el que elegimos a nuestros gobernantes, la verdadera democracia es el acceso de todos a los derechos fundamentales, al bienestar.

Más complicada es hoy la situación en Venezuela, desde su experiencia ¿se ve alguna salida a la situación que vive este país?

  Hemos hablado en el Parlamento Andino de Venezuela, aunque fue parte de la comunidad andina, desde el 2008 salieron por decisión propia de la misma. Pero no por ello el Parlamento andino deja de ver con preocupación la situación de los países de la zona. El problema a veces es que opinamos desde la ideología y así unos apoyan a Maduro y otros a Guaidó, y eso no ayuda. Personalmente creo que la solución está en manos de los propios venezolanos. Son los ciudadanos los que deben concluir el camino que quieren tomar. Yo no vivo en Venezuela y por ello no conozco de primera mano sus problemas. En Ecuador sucedió algo similar. En el 2000 se produjo una migración masiva de compatriotas. Aprovecho para decir gracias España, gracias Italia, Europa, por la acogida de tantos miles de ecuatorianos. Aquella migración fue producto de un periodo bancario irresponsable que los recursos de los ecuatorianos. ¿Quién se enteró de ello? ¿Qué país quiso invadir Ecuador para decirles a los bancos devuelvan el dinero robado a los ecuatorianos? Si analizamos los datos de migración el número de ecuatorianos que salieron del país es superior al de venezolanos que lo han hecho en la actual crisis de su país. Y nadie ayudó a Ecuador, fuimos nosotros los que tuvimos que salir de ahí. Por eso, por soberanía, son los ciudadanos venezolanos quienes tienen que dar la respuesta. Ellos, mejor que nadie, conocen sus potencialidades y sus debilidades. Ello no quita para que sintamos y expresemos nuestra solidaridad con los venezolanos que están viviendo el problema de la migración de su país y que nosotros conocemos por experiencia propia.

Por último, y aunque no pertenezca a grupo de países andinos quisiera preguntarle por la situación de Nicaragua y el gobierno de Ortega.

–  Como en todos los países, allí donde hay un gobierno que no entiende que la democracia exige escuchar el clamor de los ciudadanos, esos gobiernos tienen que dar un paso a un lado. Los gobiernos que no sean capaces de dar bienestar a los ciudadanos deben dar un paso al costado. Cuando elegimos a nuestros gobernantes no es para que hagan lo que quieran, sino para que sintonicen con el clamor de la gente. Y vuelvo a insistir con el mismo argumento: son los propios nicaragüenses quienes tienen que tomar las decisiones, por mucho poder que tenga un gobierno no se puede ir en contra de los millones de habitantes del país.

En el marco de las revueltas y conflictos que se han ido produciendo en Latinoamérica se ha producido un fenómeno en la mayoría de los escenarios. El ataque a la Iglesia, en Nicaragua es el propio gobierno, en Chile una  parte de la ciudadanía, … ¿A qué se puede deber esta agresión contra la Iglesia?

  Yo soy católico. Y trato de luchar por ser un buen ser humano. El problema creo que se encuentra en la toma de partido. La Iglesia no puede tomar partido por ninguna ideología. La iglesia tiene que conciliar, que llamar al diálogo, a la justicia social, a encontrarnos entre seres humanos. Pero si la iglesia opina a favor o en contra de un gobierno, un partido, allí la Iglesia se equivoca. No digo que no pueda opinar sobre cuestiones políticas, sí, pero sin tomar partido por opciones políticas. Ahí es donde la Iglesia se granjea un resentimiento ciudadano que luego aflora. La Iglesia tiene que llamar a la conciliación, pensando en los casos de la muerte de tantos seres humanos que murieron pidiendo justicia social.

Antes hablaba del problema de la migración que sufrió su pueblo, el que padece hoy Venezuela, … acaba de reunirse con un grupo de latinoamericanos que viven ahora en Vitoria-Gasteiz. ¿Cómo ha sido ese encuentro, qué le han expresado? ¿Qué análisis le sugiere el tratamiento de la migración?

–  Ha sido un encuentro emocionado. Pero junto a la alegría de encontrarme con ellos y compartir un rato, tengo un sentimiento de ira, de rabia cuando me pregunto por qué hay gobiernos que no entienden que siendo un continente rico en recursos naturales, en paisaje, en gastronomía, … por qué no entienden que está en sus manos acabar con estas migraciones. La migración voluntaria es un derecho humano, pero las migraciones forzadas son las que debemos denunciar a quienes las causan. Nuestros países tienen recursos, pero mientras exportemos solo siete productos cuando podríamos estar exportando más de cien variedades de productos, por qué no explotamos nuestros recursos para evitar la migración forzosa. Me he encontrado con compatriotas que ya llevan un tiempo y están asentados aunque siempre con el recuerdo de su tierra, sus gentes, su barrio, jamás habrá felicidad completa en quien echa de menos su país. Por más que haya sido acogido por un país como el País Vasco donde su solidaridad la llevan en la sangre, lo sabemos y les damos las gracias. Pero también he estado con otros que hace poco que han migrado y tienen problemas para residir o trabajar. Les he dicho que me faciliten documentos para llevar al parlamento andino y exponer estas situaciones, para que desde el Parlamento andino se haga una llamada a asumir este problema con responsabilidad. No podemos permitir que los migrantes vivan estos periodos de abandono hasta lograr la regularización de su estancia en los países donde emigran, de esos periodos se tienen que hacer responsables los países de origen.

El reciente Sínodo de la Amazonía ha puesto su foco en aquella parte del Planeta. Cuál es el análisis que hace usted de este problema global.

–  A pretexto de combatir la pobreza se sigue depredando y no solo en la Amazonía con las extracciones petroleras, la minería, también, con el mismo pretexto se están viendo afectados los páramos, ecosistemas muy frágiles que alimentan con su agua a los ríos de la Amazonía y a los ríos de la costa. Con el calentamiento global se están derritiendo las nieves de nuestras cumbres, de nuestros nevados. A pretexto de combatir la pobreza, porque no es verdad, todo lo que se succiona del planeta acaba en pocas manos. Cuando se firmen los acuerdos de explotación de los recursos se tienen que poner condiciones que garanticen que los beneficios repercutan en la población más pobre y en la conservación de la única casa que tenemos. Es triste reconocerlo pero el consumismo incontrolado, el acaparamiento de riqueza y la excesiva pobreza nos está llevando al exterminio del Planeta. Nosotros tenemos al Chimborazo que estamos viendo como pierde su cumbre nevada, y como esta cima otras muchas viven la misma situación.

Y para terminar, de toda esta historia de encuentro entre un lado y otro del charco que dura ya más de 500 años con episodios buenos y malos ¿con qué nos podemos quedar hoy?

Con pasar página de las lecturas históricas de descubrimiento, conquista o como le quieran llamar y centrarnos en pensar en relacionarnos con otra visión y otras voluntades para buscar el bienestar del mundo, el bienestar colectivo. Eso es lo que tendríamos que rescatar de todo este proceso de encuentro entre las dos orillas.

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 Proyecto Raíces y Sueños de San Isidro

El parlamentario andino Hugo Quiroz ha participado en la presentación en Vitoria-Gasteiz del libro “Infancia Plena” que recoge 50 historias de niños y niñas que se han implicado en la recuperación de la cultura montubia, proyecto que inició hace dos años el misionero vasco Juan Ramón Etxebarría. Han mantenido estos día reuniones con el alcalde de la ciudad, Gorka Urtaran, el Diputado General, Ramiro González, con  Jonan Fernández y Pau Ricart de la Agencia de Cooperación y desarrollo del Gobierno Vasco y con otras instituciones vascas con el propósito de presentarles el trabajo y el proyecto de recuperación de la cultura montubia. El libro estará disponible en la librería diocesana y es el primero de una colección que irá recogiendo tradiciones, historias, y gastronomía del pueblo montubio.

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Non solum sed etiam

Escuchando a este parlamentario andino pensaba yo que sus palabras eran perfectamente aplicables a la realidad de este lado del charco en muchas de las cosas que decía. Así, por ejemplo su discurso es válido aquí cuando dice “los jóvenes no quieren saber nada de izquierdas y derechas, quieren saber de bienestar, quieren saber de un país de oportunidades.”  O cuando señala que “La democracia no puede ser solo el momento en el que elegimos a nuestros gobernantes, la verdadera democracia es el acceso de todos a los derechos fundamentales, al bienestar.”  O cuando denuncia que “Cuando elegimos a nuestros gobernantes no es para que hagan lo que quieran, sino para que sintonicen con el clamor de la gente.”  O advierte que “La Iglesia no puede tomar partido por ninguna ideología. La iglesia tiene que conciliar, que llamar al diálogo, a la justicia social, a encontrarnos entre seres humanos.”

Pensaba yo en la realidad política de España en estos momentos donde el resultado no convence a ninguna mayoría, pero la actitud más sensata, posiblemente, sea la de aceptar el resultado, darles la oportunidad y recordarles de múltiples maneras lo que ya saben y lo que creamos que deben oír: saben que hay que garantizar las pensiones, que hay que abordar una reforma laboral, que la cuestión territorial divide a los que quieren una unidad uniforme, a los que quieren una unidad con su rica diversidad, y a los que quieren crear pequeños reinos de Taifas o de lo que sea; habrá que recordarles que antes de una ley para morir dignamente estaría bien tener una ley para vivir dignamente; que la eutanasia es un bien para el 1% y los cuidados paliativos para el 99%; que la educación precisaría de un pacto de Estado que garantice una paz escolar por años; que la asignatura de religión hay que abordarla no como una formación ideológica, sino como una parte importante del conocimiento en humanidades. Y así con tantos y tantos temas.

Quizá lo acertado sea, desde el punto de vista cristiano, seguir el ejemplo que una persona relataba esta semana en un grupo de oración. Tenía como “tarea” para esa semana orar por alguien a quien no tuviese en gran estima. En su caso reconoció que el personaje de Pablo Iglesias no era santo de su devoción, así que decidió escogerlo para hacerlo objeto de su “tarea semanal”. Y concluir diciendo, que si bien él nunca le votaría, ya que la circunstancias lo han colocado en un puesto del que muchas personas vamos a depender de sus decisiones, “que Dios le ilumine”, a él y al resto del Gobierno. 

Amén, así sea.