Homenaje a Jon Ruiz Sagarna, ertzaina quemado en Renteria

Euskadi

Unaa emboscada a una patrulla con cócteles químicos en Rentería hace 20 años marcó un punto de inflexión en la lucha de la Ertzaintza contra la kale borroka

Jon Ruiz Sagama sufrió quemaduras en el 60% de su cuerpo en un atentado contra su furgoneta en Rentería en 24 de febrero de 1996.
«Los que atacaron a Jon nunca podrán sentir amor de verdad» deice su mujer en el libro «Heridos y olvidados».

«Jon pasó todo el dolor que se puede sufrir y más. La herida aún duele, pero ha sabido reinventarse»

Encapuchados, terroristas, rompieron con piedras las lunas de la furgoneta, los cócteles entraron por la ventanilla del conductor.

El primer golpe llegó como presagio de la tormenta que se avecinaba. Los cinco ertzainas habían oído antes ese sonido: el ruido seco de una piedra que impacta contra la chapa de un vehículo. Sabían perfectamente de lo que se trataba. Estaban destinados en Rentería y prácticamente todas las semanas tenían que enfrentarse a episodios de violencia callejera. Pero en esta ocasión apenas tuvieron tiempo de cruzar sus miradas.

A la primera piedra le siguió otra. Y otra. Y otra. Fue un ataque rápido, pero muy intenso. Imposible determinar cuántos ladrillos impactaron contra la vieja furgoneta de la Ertzaintza. Lo que sí se sabe es que uno de los objetos destrozó una de las ventanas laterales. Y que fue por ese agujero por donde los encapuchados introdujeron el cóctel molotov que desfiguró al ertzaina Jon Ruiz Sagarna y causó graves quemaduras a los otros cuatro agentes. Dos chicas que pasaban por allí sufrieron también severas heridas al ser arrolladas por el furgón, convertido en una incontrolada bola de fuego.

El cóctel molotov que cambió para siempre la vida de estas personas no era uno cualquiera. El artefacto contenía una mezcla de gasolina y ácido sulfúrico, además de una capa de polvo de clorato de potasio aplicada al exterior de la botella para facilitar la reacción química. Una auténtica arma preparada para matar que impactó de lleno sobre Ruiz Sagarna, al que su pasado como conductor de ambulancias en la DYA le colocó aquel día al volante de la furgoneta policial.

El habitáculo se convirtió en un infierno de fuego y gases tóxicos en cuestión de segundos. La temperatura llegó a alcanzar los 1.000 grados. Había que escapar. Cada uno como pudo. Ruiz Sagarna perdió el conocimiento y fue el único que no pudo hacerlo por su propio pie. Todavía hoy ni sus propios compañeros saben quién fue el que tuvo el valor de entrar en la furgoneta en llamas para sacarlo de allí.