Hay que garantizar el acompañamiento en la enfermedad, en la muerte y en el duelo

Artículos de opinión

La atención pastoral hospitalaria y para el duelo

Por: Vicente Luis García Corres (Txenti)

Capellanes para todos los espacios sanitarios habilitados, voluntarios y asociaciones cuidan del enfermo y su entorno, en vida y tras la muerte.

Habrá que hacer los funerales en estadios de fútbol como Mendizorroza

Los Camilos mantienen la formación on line para el acompañamiento en el Duelo

Nadie que solicite la atención de un sacerdote debe quedarse sin ella.  Sobre esta premisa se trabaja y se sirve en la Diócesis de Vitoria. El abanico de personas e iniciativas para el acompañamiento pastoral al enfermo, y a la familia y personas cercanas, y a estas mismas en el caso de fallecimiento, es amplio y está preparado para actuar. Se hacía antes de la pandemia y, salvando dificultades y casos muy puntuales, se sigue haciendo. 

Empecemos por la atención hospitalaria que se ha visto ampliada para atender, además de a los enfermos de los Hospitales de Txagorritxu y Santiago, a los ubicados en la residencia Álava y en el Hotel Lakua.  El capellán de Txagorritxu, Jesús Marauri, recuerda cómo el obispado hizo un llamamiento a los sacerdotes que pudieran estar dispuestos a integrarse en este servicio. “Yo mismo les hice una formación exprés para ponerles al día, sobre todo de las medidas de protección y protocolos sanitarios”.  De la respuesta recibida se escogieron los necesarios para atender la demanda actual, y otros quedaron en la reserva, entre ellos el Vicario General, Carlos García Llata y el obispo Juan Carlos Elizalde, “aunque algún caso concreto sé que han atendido ellos personalmente, porque yo se los he derivado”.  Marauri afirma: “el marco del derecho constitucional, el at.16, está garantizado por Osakidetza, tanto con los católicos como con los de otras confesiones. Quien desea ser atendido por un sacerdote, un pastor, un imán, se respeta su decisión, como al que expresa también su rechazo a no ser atendido, se cuida respetar su decisión.” Marauri reconoce que algunas quejas le han llegado en el sentido de que las demandas a veces no han sido cursadas el mismo día. “Yo no las achaco a la mala fe de nadie, más bien al volumen frenético de la actividad en los hospitales, y a que no todo el mundo contempla este tema con la misma sensibilidad.”  El trabajo no está siendo fácil, “solo enfundarte las protecciones con la ayuda de otras personas lleva quince minutos de reloj, y otros tantos el quitarlo.”

Para la labor de los capellanes o personal religioso en los centros hospitalarios es muy importante contar con personal sanitario que empatice o que sea sensible a la dimensión espiritual de las personas. 

El Duelo

El duelo se asocia generalmente con el proceso que las personas tenemos que hacer tras el fallecimiento de un ser querido para seguir adelante con nuestra vida. Bien, sí, pero es una definición incompleta, el duelo, en muchas ocasiones empieza antes del fallecimiento, y se prolonga mucho más allá del funeral y el entierro. En el año 2006 en la Unidad pastoral de la Zona Sur de Vitoria, Santa María de Olárizu, que comprende también a las parroquias de San Ignacio, San Cristóbal y Sagrado Corazón, se puso en marcha un grupo para atender precisamente el tema del duelo. El aumento de funerales en la zona y descubrir la realidad de muchas personas que quedaban solas viviendo el dolor por la pérdida de un ser querido, dió la voz de alarma y se pensó en una oferta cristiana específica.

En un principio las personas que se comprometieron recibieron una formación para el acompañamiento en el duelo, y en 2007 se iniciaron los primeros grupos. Isabel Barrios fue una de esas personas pioneras y hoy coordina los dos únicos grupos que existen en la diócesis, el de la zona Sur y el de la Zona Este. “Yo venía ya de una formación en el acompañamiento a jóvenes y también de haber vivido una experiencia vital de duelo con la muerte de mi padre.” Isabel explica que las reuniones no llevan un guión predeterminado: “la realidad de cada persona determina la dinámica. Hay que dar tiempo para hablar, para llorar, para rezar, y concluir sí, siempre, con un propósito positivo.”  Cada persona permanece en el grupo el tiempo que necesita hasta completar su duelo. “No es un grupo de oración, ni un grupo de referencia, es un grupo de acompañamiento personal del duelo desde la fe.”

Sin duda, tras las medidas tomadas durante la pandemia que están retrasando los duelos, grupos como estos serán más necesarios que nunca. Isabel desearía que esa mesa de coordinación llegue a alcanzar a toda la Diócesis, que todas las unidades pastorales se puedan coordinar en un trabajo de acompañamiento en el duelo, disponer de la formación de las personas que ellos manejan y que nadie se vea privado de este servicio que ofrece la Iglesia. 

Teléfonos de la Esperanza

El pasado día 5 de abril este servicio cumplía 41 años desde su puesta en marcha en Vitoria-Gasteiz. José Antonio Cristóbal, uno de los voluntarios y fundadores de esta iniciativa señala que desde el confinamiento el servicio se ha convertido en 24 horas para todos los voluntarios ya que para mantenerlo se derivaron las llamadas a los fijos de las viviendas particulares  de los voluntarios. Cristobal confirma que las situaciones de duelo “incrementan la soledad y la necesidad de consuelo”. El confinamiento también ha repercutido en una mayor demanda de este servicio de iniciativa ciudadana. 

Este es el registro de llamadas atendidas durante esta «pandemia» en la Asociación del Teléfono de Esperanza y Amistad de Álava:

Llamadas totales: 245 de varios de varios temas a atender: De soledad 80 llamadas. De incomunicación 90 llamadas. De ansiedad 20 llamadas. De problemática psicológica 89 llamadas. De duelo 16 llamadas. De necesidad de acompañamiento 32 llamadas; a estas llamadas, se les ha facilitado un seguimiento especial por las psicólogas de la Asociación, al igual que al de los problemas psíquicos.

Y, como el teléfono de la Esperanza (945 14 70 14), otras asociaciones y grupos están redoblando sus esfuerzos de acompañamiento, como ASAFES-Asociación Alavesa de familiares y personas con enfermedad mental ( 945 288 648), o AECC- Asociación Española contra el Cáncer en Álava (945 26 32 97). 

Para completar esta información una entrevista con Valentin Rodil coordinador de la UMI- Unidad Móvil de Intervención en Crisis y Duelos,  que fue creada por la orden de los Camilos en el año 2013. 

La psicología y el mundo de la sanidad aporta una parte importante del voluntariado del que se nutren sus centros, pero , para Los Camilos, es fundamental una formación específica en atención al duelo y acompañamiento. Algo que las personas pueden realizar en los cursos, masters, que esta institución organiza todos los años.

En cuanto al desarrollo de las entrevistas destacan la importancia de que la persona que va se sienta escuchada y sabedora de que nadie le va a juzgar. 

Aunque no se oculta la inspiración cristiana de este proyecto, a nadie se le exige, ni para ser voluntario ni para ser usuario una identidad religiosa. No obstante las circunstancias que viven las personas que acuden acaban poniendo el tema de la fe encima de la mesa en algún momento.

En las técnicas que se trabajan para preparar a los voluntarios de los centros de acogida se les enseña a “saber estar donde estamos”, y también a trabajar todo el lenguaje no verbal con el que las personas también nos comunicamos. La caricia y el abrazo, de darse, es el sello al final del encuentro, algo que ahora tiene que hacerse de manera virtual.

Non solum sed etiam 

Hablando con un amigo me hacía ver que, posiblemente, las personas cercanas a las víctimas del coronavirus, puedan acabar viviendo duelos que compartan rasgos de los que viven las familias de mineros sepultados, o de marineros que pierden su vida en la mar, cuyas familias nunca vuelven a ver el cuerpo de sus seres queridos. 

Quizá la muerte, ese momento de la vida que a todos nos espera, que esta sociedad trata o con frivolidad o como tabú; quizá la muerte, a partir de ahora, empiece a ser tratada de otra manera, eduquemos para poder mirarla de frente. Una sociedad que aprende a hacer el duelo a sus muertos, es una sociedad que avanza con madurez. 

La Iglesia tiene en ciernes un importante papel social, ayudar a convertir los números y cifras, en nombres y apellidos. Y desde el acompañamiento en el duelo lograr que nadie se quede anclado en el dolor de ayer, sino que avance, con el recuerdo para siempre y la mirada al frente.