Greenpeace: el Ártico se quema

Internacional

¿Cuántas semanas llevamos ya de ola de calor? Es es la pregunta que lanza Greenpeace, para continuar advirtiendo que es casi imposible acordarse. Las altas temperaturas afectan nuestro día a día, nuestro estado de ánimo y nuestra salud.

Pero las personas no somos las únicas afectadas. Los bosques, y todos los animales que viven en ellos, también sufren el calor intenso. En lo que llevamos de verano ocho grandes incendios forestales han afectado a toda la Península, con un balance de más de 48.500 hectáreas afectadas. La peor parte se la ha llevado Cataluña, con un incendio que ha calcinado más de 6.000 hectáreas. Mientras te escribo, los bomberos forestales están luchando contra incendios en Ávila, Alicante, la comunidad de Madrid y Almería. La gravedad de este último es tal que ha tenido que intervenir el ejército.

Pero no solo nuestro país sufre los devastadores efectos del fuego forestal. Incluso regiones árticas como Alaska, Siberia y el norte de Canadá sufren este año una estación especialmente calurosa y seca, y están siendo consumidas por las llamas. Se han registrado más de 100 incendios forestales de gran intensidad y de larga duración en el círculo polar ártico desde junio. Estos incendios emitieron 50 megatoneladas de CO2, el equivalente a las emisiones anuales totales de Suecia. Y es que la temperatura media en junio en las zonas de Siberia que se están viendo azotadas por los incendios forestales ha sido 10°C más alta que la media del período 1981-2010.

Es un círculo vicioso: las altas temperaturas provocan más incendios, y los incendios alimentan el cambio climático. Las olas de calor y las sequías prolongadas se incrementan por el cambio climático, haciendo a nuestros bosques muy vulnerables a incendios de alta intensidad. No es su origen, pero hace que los incendios sean más virulentos y difíciles de extinguir.

Estos incendios son solo una de las facetas más visibles de la crisis climática en la que nos adentramos. Hoy es más importante que nunca actuar. Tenemos que conseguir un movimiento global que implique a gobiernos, empresas y ciudadanía en un esfuerzo común para abordar el problema de raíz, sentencia Greenpeace.