Falsa acusación de Amnistía Internacional a autoridades marroquíes por supuesto espionaje a periodista

Internacional

Amnistía Internacional (AI) publicó el pasado domingo un informe que afirma que un periodista marroquí denominado Omar Radi es víctima de hackeo gracias a un programa espía llamado Pegasus diseñado por la compañía israelí “NSO Group”, para concluir unilateralmente y sin ninguna prueba o evidencia, la responsabilidad de las autoridades marroquíes de piratear su teléfono.

Para llegar a esta conclusión, Amnistía redactó casi 20 páginas con la finalidad de resaltar todas sus “habilidades de investigación” y ofrecer su “exclusiva” bajo la misma foto y el mismo titular a un conjunto de medios de comunicación estadounidense y europeos de prestigio conocido en la prensa internacional. Sin embargo, tras leer el contenido de este informe, cualquiera se sorprendería al notar la ligereza de los argumentos basados sobre hipótesis y suposiciones que utilizó la reconocida ONG de Derechos Humanos.

De hecho, el pseudo informe fue curiosamente publicado casi instantáneamente por 17 medios de comunicación y firmado por unos cuantos periodistas abiertamente hostiles a Marruecos, lo cual comprueba un complot orquestado por los que quieren desestabilizar al país norafricano.

Uno de esos medios de prensa más relevantes que publicó la “exclusiva”, citando muy a menudo al Grupo NSO, es el diario “The Washington Post”, cuyo propietario es Jeff Bezos, el jefe de Amazon, quien había recibido un mensaje de WhatsApp que supuestamente fue enviado por el príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohamed Ben Salmane, y tras lo cual su teléfono envió una gran cantidad de información. Este extraordinario asunto de espionaje tuvo un gran impacto y los investigadores del hombre más rico del mundo nunca pudieron probar la involucración del Grupo NSO por mas indicios que podrían haber tenido.

AI afirma haber encontrado en el teléfono de Radi “rastros que sugieren que fue objeto de los mismos ataques de inyección de red que los observados, en 2018, contra Maati Monjib”, un profesor universitario que supuestamente Marruecos espió según la misma organización, pero quien en realidad solo quiso desviar la atención sobre su caso judicial de malversación de fondos y enriquecimiento ilícito.

Partiendo del supuesto hackeo al celular del profesor Maati Monjib, Amnistía señala que “la suposición de que se han utilizado las herramientas de inyección de red del Grupo NSO parece cada vez más sólida”. Por lo tanto, estamos ante una hipótesis que puede ser confirmada o refutada. Sin embargo, tras la lectura del informe de AI intitulado “Un periodista marroquí víctima de ataques de inyección de red mediante las herramientas diseñadas por el Grupo NSO”, ninguna evidencia o prueba sólida y real se puede concluir, salvo un montón de hipótesis, derivadas de una suposición.

Cualquier experto en redes informáticas puede explicar que, en los dos casos, es posible tener una huella digital que identifique el operador telefónico utilizado en el caso de piratería por SMS, o la ubicación geográfica en el caso de una redirección a otro sitio.

Sabiendo que cada acto en la red deja un rastro para identificarlo y que el IP es el equivalente del certificado de residencia para este acto, algunas preguntas se hacen relevantes ¿por qué el laboratorio de Amnistía no buscó identificar al remitente del mensaje de los hackeos anteriores al 2018? y ¿por qué AI no proporcionó la ubicación geográfica del acto digital que redirigió el navegador de Omar Radi a un sitio malicioso? ¿Es suficiente que Omar Radi tenga la nacionalidad marroquí para señalar a Marruecos como el autor del hackeo de su teléfono?

Según un medio local, Omar Radi tenía vínculos con las dos compañías extranjeras “G3 good Governance Group Limited” y “K2 intelligence limited”, especializadas en inteligencia económica, y a las cuales ha estado recopilando información desde el 2018. Es evidente que un periodista que vende clandestinamente informaciones a compañías especializadas en inteligencia económica pueda ser hackeado por una agencia extranjera.

En definitiva, esta historia no es ni más ni menos que otra campaña mediática hostil a Marruecos. Es lamentable que Amnistía Internacional recurra a generalidades e hipótesis que no se basan en datos concretos, para elaborar un informe que carece de argumentos, objetividad y pruebas, adoptando un enfoque unilateral que hace caso omiso de la dinámica que vive el proceso de consolidación de los Derechos Humanos en Marruecos.