Fallece Joaquín Jiménez al final de las fiestas de “su” Virgen Blanca

Vitoria-Gasteiz
Fallece Joaquín Jiménez al final de las fiestas de “su” Virgen Blanca
Fallece Joaquín Jiménez al final de las fiestas de “su” Virgen Blanca

Jiménez fue un garante de los usos y costumbres de alaveses y vitorianos

El funeral por el etnólogo vitoriano será en la parroquia de San Cristóbal

Por Vicente Luis García Corres (Txenti)

A los 98 años, cumplidos el pasado 21 de julio, ha fallecido Joaquín Jiménez Martínez, uno de los grandes impulsores y valedores de las tradiciones populares  y religiosas del pueblo alavés y de los vitorianos. Profesionalmente fue Jefe de Protocolo, Secretario del Consejo de Cultura y Jefe del Departamento de Educación, Cultura y Turismo de la Diputación Foral de Alava. Pero su afición le llevó a ser reconocido como etnólogo, folklorista y costumbrista formado de manera autodidacta. Fue abad de la Cofradía de la Virgen Blanca entre los años 1988 y 1991. Posteriormente asumió el mismo cargo en la Cofradía de la Virgen de Estíbaliz, patrona de la Provincia y la Diócesis. De hecho desde su cese, hace unos diez años,  este puesto sigue vacante.

El legado cultural de Jiménez es amplio y rico en publicaciones. Su familia conserva el tesoro de las fichas que le sirvieron para escribir libros, artículos, conferencias y pregones. La Asociación Belenista le recuerda por su aportación con el Pregón de Navidad de 1988 y la ponencia, que fue defendida por su hijo, en el Congreso Nacional de belenistas celebrado en Vitoria hace dos años. 

Joaquín vivió su infancia desde la ventana de su casa, que daba a la calle Mateo Moraza, con vistas a la balconada de San Miguel, siendo testigo de excepción de la Coronación de la Patrona de Vitoria. Su familia considera “un guiño de La Vida el haber vivido la muerte de Joaquín horas antes del final de las fiestas de la Virgen Blanca”.

Este año fue uno de los nominados al galardón del Celedón de Oro. Su aportación siempre quedará en la memoria del pueblo alavés y vitoriano. 

Joaquin Jimenez y Juan Pablo II

Non solum sed etiam.

Hasta aquí el breve texto para la prensa local. 

Pero Joaquín, para mi, es mucho más que un personaje relevante de la historia vitoriana y alavesa. A la altura de nombres como Venancio del Val, Cayo Luis Vea-Murguía, o Luis Arámburu, entre otros muchos. Joaquín, y su familia, son personas queridas y apreciadas en muchos ámbitos de la vida local, provincial, diocesana. Por eso, mi homenaje es recordar su figura de la mano de otros amigos, como la Cofradía de la Vírgen Blanca, o la Asociación Belenista, o del compañero periodista José Ángel García, quien le hizo, quizá, la única entrevista personal en la que Joaquín habla de sí mismo, y que fue incluida en el libro “El Dominó Vasco”. 

Y empezando por ahí, recojo, con permiso del autor, algunas de las respuestas de Joaquín en aquella entrevista realizada en septiembre de 2002. Datos como que antes de entrar a trabajar en la Diputación estuvo en Correos entre los años 38 al 45; y antes formó parte de la escuela de monaguillos de la Catedral Vieja de Santa María (Sus recuerdos quedaron recogidos en la publicación “Viejas historias de la Catedral Vieja” del año 2003); Un aforismo con el que Joaquín se identificó toda su vida: “Haz bien y no mires a quien”; Joaquín amaba su tierra y sus gentes, era aficionado del alavés, y recomendaba las fiestas de Vitoria por encima de cualquiera. Siempre pensó que el mayor problema del País Vasco era “mirarse al ombligo”, y sobre una cuestión tan actual como el tema de la inmigración dijo: “”Cuando éramos emigrantes nos recibían bien en todas partes, y ahora ponemos muchas pegas. Lo justo es pensar que todos somos hermanos, y que el que viene no lo hace porque le dé la gana, sino porque lo necesita. Hace falta amor y no ser extraño en nuestra tierra que es desde el Polo Norte hasta el Polo Sur.”

La Cofradía de la Virgen Blanca se ha hecho eco en su web de la noticia, y destaca los reconocimientos que en vida ha tenido Joaquín: “Ha sido frecuentemente reconocido por diversas instituciones “Insignia de Oro” de la Federación Nacional de Bolos, en 1973; “Katxi de Oro”, en las fiestas de Oyón, en 1973; Homenaje el “Día del Gaitero” en Laguardia, en 2002; Premio “El Mayo”, en San Vicente de Arana, en 2003; “Medalla de Oro” de la Ciudad de Vitoria, en 2005; Mención honorífica en “Primer Certamen Alavés de Auroras”. La Cofradía recoge la labor de Joaquín como Abad: “fue designado Abad en el año 1988, cargo que ocupó hasta 1991. Periodo muy activo ya que durante su mandato se iniciaron las gestiones para el gran proyecto de restauración total de los elementos procesionales. Así mismo fue Joaquín quien promovió que la imagen de la Virgen Blanca de Font, la que desfila en la procesión de los faroles, fuera cedida por la Diputación Foral de Álava a la Cofradía. En la revista Celedón escribió varios artículos sobre la Cofradía y la Virgen Blanca. Tras su mandato no fallaba nunca a ninguno de los actos propios en honor a la Virgen Blanca, durante las fiestas. Sólo la enfermedad le retiró de una vida tan activa.”

Se hace referencia también a la entrevista que Cristina Fructuoso, la primera abadesa de la Cofradía, le hizo para el nº 6 de la Revista La Hornacina. Allí se recogen anécdotas como la costumbre que tenía Joaquín, cada vez que entraba a San Miguel, de besar y rezar un Credo ante la pila bautismal. Se recuerda también el impulso que la Cofradía dio durante su etapa como abad a la restauración de los Faroles.

La Asociación Belenista de Álava recuerda con motivo de la muerte de Joaquín Jiménez su aportación con el primer Pregón Navideño organizado en 1988 en el que Joaquín habló de la transición y vínculos de las culturas primitivas con nuestra Navidad: “Lo expuesto hasta aquí bien puede hacernos llegar a la conclusión de que la influencia de culturas primitivas en la nuestra propia es una manifiesta realidad, aunque, justo es confesar que igualmente puede decirse también con razón que la persistencia de tales formas ha perdido con el transcurso de los siglos la razón causal que tales costumbres llevaban en sus orígenes y que hoy constituyen ciertamente una pieza importantísima de nuestro folklore festivo sin aquellas connotaciones de que estaban impregnadas en siglos pretéritos, inmersos como estamos dentro de la cultura cristiana que ha sabido llenar de otro contenido las referidas costumbres acorde con el credo que profesamos sin que en ello haya contrasentido alguno pues bien pueden dedicarse ceremonias, gestos, ritos y actos al Dios de dioses, Señor de señores, Sol de los soles y Luz del mundo que en otro tiempo iban dedicadas al dios del sol, al de la luz o a alguna divinidad parecida.”

Después fue haciendo un repaso a las diversas tradiciones que jalonan el mapa navideño de las tierras alavesas. 

La Cofradía de Ntra. Sra. de Estíbaliz también tiene presente a quien fuera su último abad, ya que tras su cese la Cofradía ha vivido momentos difíciles y sin nombrar un nuevo abad, ha seguido trabajando para mantener esta institución de devoción mariana. Por eso un grupo de entusiastas, en comunión con los benedictinos, custodios del santuario, han elaborado y actualizado unos nuevos estatutos que van a permitir recuperar la Cofradía de Estíbaliz. Desde la Cofradía se lamenta no haber llegado a mostrar esta nueva redacción a Joaquín, algo que tenían previsto para el inicio del nuevo curso. 

Y, permitidme añadir el recuerdo personal a Joaquín, y a uno de sus cinco hijos, a Blanca, concretamente, con quien he tenido más trato. Joaquín ha sido ese amigo que siempre te atendía al otro lado del teléfono; Ha sido la “biblioteca andante a la que acudir a la hora de consultar algo sobre el patrimonio material e inmaterial de nuestra tierra; Joaquín ha sido un referente de devoción mariana. En Joaquín encontré un amigo que respaldó mi labor como comunicador cristiano. Era un gran conversador de lo humano y lo divino. 

Espero y deseo que las instituciones públicas vitorianas y alavesas recojan el sentir popular de un reconocimiento público a la figura de Joaquín Jiménez. Un sentir que se evidenció en la propuesta de este año para el Celedón de Oro, que, de manera póstuma puede verse compensada con una placa en el callejero vitoriano o un premio que lleve su nombre y que reconozca el trabajo de aquellos que, como él, aman esta tierra y disfrutan estudiándola y sacando a la luz lo mejor de sí misma.