El punto medio es como el punto «G», casi nadie lo encuentra

Artículos de opinión

Y digo que es difícil de encontrar, porque en un país donde cada uno de nosotros somos como el garbanzo del cocido que no gustará a todos, la discrepancia siempre estará servida.

Un país donde en cuanto sale una plataforma reivindicativa, le salen cinco en contra. Y alguna que otra bailando en la mitad. «Esto si, pero con matices. Esto no…»

Época de campañas electorales en este bendito país. Prensa que debajo de las líneas o entre líneas dejan clara su postura, aún llamándose de libre pensamiento (hoy nadie lo es, todos estamos sujetos a unas ideas, incluso sin darnos cuenta).

Leemos en prensa, vemos en medios de comunicaciones, delitos a los que aún estamos por acostumbrarnos. Delitos que hasta hace nada, veíamos en las series o películas norteamericanas.

Robos en domicilios con violencia, asesinatos, tratas de seres humanos, violaciones, peleas multitudinarias, venta de armas…Y un largo etcétera, que desgraciadamente veremos incrementar.

Y entonces llegan las ONG´s con voluntad de concienciar de la necesidad de infinidad de cosas.

España, un país donde millones de ciudadanos salieron a buscarse la vida en una época donde el trabajo salía de debajo de las piedras, pero que aún así conocieron el racismo y el maltrato por ser de fuera. Justo es, que España sea un país de acogida, pero…

Si, siempre hay un pero en cada cosa que hacemos en esta piel de toro. La precariedad, la falta de trabajo, demasiado tiempo libre, las pocas ganas de trabajar, y quizá la actitud y costumbre de cometer delitos, hace que la mecha se prenda y termine por saltar cual bomba con una onda expansiva demasiado larga en el tiempo. Entonces es cuando salta el refranero popular, tan rico y sabio de estas fronteras, «Pagan justos por pecadores».

ONG´s que promulgan la acogida, las ayudas, la facilidad de obtener la nacionalidad española (por otro lado con unos requisitos, que siempre los hubo) para facilitar el acceso al trabajo a extranjeros no comunitarios. Y por otro lado, al cometer estos delitos, se posiciona enfrente a parte de la ciudadanía exigiendo que esto no ocurra.

El delito no es patrimonio de ninguna nacionalidad, sino del ser humano. En España ocurren delitos todos los días, y muchos de ellos son cometidos por nacionales, otra cosa es que la prensa solo hablemos de nacionalidades cuando estos son los delincuentes. Y aquí también yo entono mi «mea culpa».

¿Damos o no damos nacionalidad a quienes cumplan los requisitos?

Nos escandalizamos cuando vemos selección de seres humanos para pasar fronteras, nos escandaliza la frontera que Trump quiere construir, pero cuando llega el momento de experimentar delincuencia en nuestro país, sin darnos cuenta clamando algunas consignas le damos la razón al Sr Trump.

Al hablar de nacionalidad en la delincuencia, estamos dando lugar al crecimiento de racismo, luego nos extrañamos que salgan extremas de ambos lados políticos.

Recuerdo la manada de Pamplona, ¿alguien sabe qué religión profesan, si es que lo hacen? ¿Realmente le importa a una mujer si es violada la nacionalidad o religión? ¿No sentiremos menos violadas? Laura Luelmo, fue violada y asesinada por un nacional, y me viene a la mente más mujeres como ella.

El problema no es la nacionalidad, la religión, si la damos o no. Hay españoles con diferentes religiones, incluso quienes no profesan ninguna dentro del mundo delictivo.

El problema es la justicia española, que aún piensa que sirve para reinsertar, y no se cumplen las condenas en su totalidad. Demasiados presos con un permiso, o por haber salido por cumplir una parte de su condena están en la calle, y como en el caso de Laura, y otras muchas más víctimas estarían vivas o sin perjuicio alguno de estar cumpliendo sus condenas íntegras.

Demasiados Bernardos Montoya en este país andan sueltos. Al menos él tuvo la decencia de advertir que no le dejaran salir porque volvería a hacerlo.

Tomemos nota.