El Gure Aita fue el primer texto en «Batua»

Euskadi

La unificación del euskera fue iniciada por la Iglesia en los territorios vascos tras el Concilio Vaticano II

Vicente Luis García Corres (Txenti)

Este 28 de marzo la Academia de la Lengua Vasca, Euskaltzaindía, y la Diócesis de Bilbao, realizan un homenaje a quienes formaron parte de la comisión encargada de redactar en euskera los textos para la liturgia tras la decisión del Concilio Vaticano II de acercar la liturgia al pueblo mediante las respectivas lenguas vernáculas. El sábado 23 de marzo se presentaba este acto con la presencia de Andrés Urrutia como presidente de Euskaltzaindia, Félix Alonso como Vicario General de la Diócesis de Bilbao y Eustasio Etxezarreta coordinador de uno de los primeros grupos de traductores para los textos eclesiásticos. Fue precisamente Etxezarreta quien distinguió tres fases en la historia de la adaptación al euskera de los textos de la Iglesia marcadas por las sucesivas reformas del Misal. Una primera fase correspondería a la traducción que se encargó tras la apertura realizada a todas las lenguas y que se hizo del misal preconciliar; pocos años después, y tras la reforma del Misal consecuencia del Concilio Vaticano II se hizo un segundo trabajo de traducción y la tercera etapa habría comenzado en el 2002 con el enriquecimiento que la Santa Sede hizo del Misal y en el que se seguiría trabajando todavía hoy.

El cartel del acto contenía las primeras palabras que se conservan escritas en euskera en San Millán de la Cogolla, en las glosas emilianenses. “Izioqui dugu … guec ajutu ez dugu”

Una fecha importante es el 4 de diciembre de 1963, cuando a través de la Constitución Sacrosanctum Concilium la Iglesia daba el paso de considerar el latín como su lengua oficial a oficializar todas las lenguas, la Palabra de Dios y los textos de la Iglesia se hacían accesibles al pueblo.

Orixe

En el caso de la comunidad cristiana vasco parlante, tanto de la zona francesa como española, la noticia fue recibida con agrado por muchos motivos y, si bien tiempo atrás ya se venía trabajando de alguna manera en el uso del euskera en las iglesias se puso en marcha en cada diócesis unas comisiones de trabajo para traducir algunos textos. En 1967 el secretario del Consejo Pontificio para la Reforma de la Liturgia, Anniballe Bugnini, se reunió con los obispos de Bayona, San Sebastián, Bilbao y Pamplona (Vitoria no participó oficialmente) para encomendarles una unificación de los textos en euskera, ya que hasta entonces cada diócesis estaba trabajando con el dialecto del euskera propio de su zona.

“Roma locuta” y, quizá la casualidad se dio así, un año más tarde Euskaltzaindía decide ir dando pasos hacia un euskera común, el “batua”.

Siendo arzobispo de Pamplona el cardenal Tabera, se crea oficialmente en 1969 la comisión única de traductores del País Vasco, que se reúne normalmente en el seminario de San Sebastián, bajo la dirección de don Manuel Lekuona. En setiembre de ese mismo año 1969, la comisión interdiocesana se reúne en Estíbaliz para la traducción del nuevo Ordo Missae, para conseguir un texto unificado del Gure Aita, y poner en euskera los nuevos rituales del bautismo y matrimonio. Participan en este trabajo: Lekuona, Zugasti, Gaztañaga, Aranalde y Basurko de San Sebastián; Kerexeta y Zárate de Bilbao; Andiazabal y Charriton de Bayona; Sarobe, Goikoetxea y Plaza de Pamplona y por también los padres Baztarrika y Apaolaza del propio monasterio de Estíbaliz.

Santuario de Estibaliz

La Diócesis de Bilbao homenajea en esta ocasión a quienes fueron protagonistas en esta tarea dentro de su diócesis: Karmelo Etxenagusía (quien fuera años más tarde obispo auxiliar de Bilbao); el carmelita Lino Akesolo; el pasionista Pío Zarrabe; el franciscano Bitoriano Gandiaga; y los diocesanos Mikel Zárate, Jaime Kerexeta, Juan Vicente Gallastegi, Jose María Rementería, y Lontzo Zugazaga.

En el cerro de Estíbaliz vive el P. Agustín Apaolaza, otro de los pioneros en la labor de acercar la liturgia y la Palabra al pueblo en su lengua materna. El P. Agustín recibió la invitación para acudir al acto, pero la edad y la salud le llevaron a declinar la invitación.

Pero con este monje benedictino vamos a recordar la labor previa que en este sentido venía desarrollando la Iglesia en las zonas euskéricas; el papel de la Iglesia en la prehistoria de la unificación del euskera; los hitos más importantes en las traducciones al euskera para la evangelización; y el papel del euskera en el presente y el futuro de la Iglesia en el País Vasco.

Lo primero que habría que destacar es que los religiosos y religiosas, y gran parte del clero vasco siempre fue muy sensible respecto de la importancia del uso del euskera en la oración, por eso existe una gran tradición de cantos en euskera para la misa.

P. Agustin Apaolaza

El P. Agustín destaca como una de las obras de referencias “el trabajo de Orixe publicado en Francia en 1949, “Urte Guziko Meza-Besperak”, donde se recogía la liturgia de la misa y las vísperas de todo el año. Esta obra era una novedad.”

Este libro, que se trajo de forma clandestina en aquellos años, fue utilizado en los monasterios a este lado de los Pirineos, en Lazkao y en Estíbaliz. Era un libro cuya edición en España en aquellos años era impensable. Recordemos que el euskera era visto con recelo por parte de la dictadura franquista, pero, como reconocen los propios monjes “unas veces con ingenio y otras acogiéndonos al Concordato pudimos conservar el uso del euskera dentro de los muros, pudimos hacer uso de esa tradición medieval de acogerte a sagrado.”

Otras obras de referencia para el P. Agustín son las traducciones de la Biblia hechas por Querexeta, que la tradujo al Vizcaíno, y la Biblia de Olabide. También cita el trabajo de traducción de los Salmos que hizo el Abad del monasterio de Bellocq, Xabier Diharce, conocido como Iratzeder, fue una adaptación pensada para el canto. Apaolaza recuerda cómo en el Seminario Diocesano de Vitoria se impartían a los seminaristas clases de euskera en los años 1934-35.

El P. Agustín recuerda al que fuera obispo de San Sebastián, Lorenzo Bereciartua, que tomó posesión de esta diócesis precisamente en 1963. Desde el primer momento hizo uso de la lengua vasca en privado y en público y fue durante su gobierno que se introdujo en la diócesis la liturgia en euskera. Hizo uso del bilingüismo en su predicación, cartas pastorales y otros documentos diocesanos. Fue un promotor de los trabajos de traducción de la liturgia al euskera y puso al frente de esta labor a Manuel Lekuona. Manuel Lekuona creo un grupo de trabajo que comenzó a reunirse en Urretxu y a los que asistió el P. Agustín.

Independientemente de las indicaciones que Roma hizo para que los textos oficiales de la liturgia en euskera fuesen una única traducción para todos, el trabajo de unificación ya se tuvo en cuenta desde el primer momento.

En este sentido, Apaolaza recuerda la gran labor pedagógica de Lekuona para coordinar los trabajos y el método que se seguía: “éramos un equipo de unas diez personas procedentes de Iparralde, Guipúzcoa, Vizcaya, y Navarra. Había uno que traducía inicialmente el texto al euskera, y luego se analizaba. Así, por ejemplo, decía el de Iparralde – este verbo para nosotros no vale, no lo usamos, esto el pueblo no lo entiende. – y la liturgia es para el pueblo, para escuchar. Así poco a poco se iban haciendo los textos, cada uno aportaba su visión buscando la mayor unificación.”

Gure Aita

“El primer texto que se hizo íntegramente en batua fue el Padre Nuestro, el Gure Aita, que además se hizo y se cantó por primera vez aquí, en el comedor del Santuario de Estíbaliz lo cantamos por primera vez. Lekuona lo llamó el Padre Nuestro ecuménico.”

El P. Agustín está convencido de que aquella labor de unificación de los textos de la liturgia en euskera no ha sido suficientemente reconocida.  Pero también reconoce que esta unificación, hoy por hoy, no resulta práctica en el día a día de las comunidades cristianas eusko parlantes, ya que cada una sigue teniendo y conservando una parte importante de su dialecto. Y cita el caso de la zona de Iparralde en concreto.

Si importante fue la labor de clérigos y sacerdotes en esta tarea de promoción del euskera dentro de la Iglesia, no menos lo fue el papel de los conventos de religiosas, particularmente de clausura, quienes fueron las primeras en incorporar los textos en sus rezos diarios. Apaolaza recuerda el curso que sobre la Liturgia de las Horas en euskera se hizo en Oñati en 1974. Se hizo en el convento de las Clarisas y en él participaron varias comunidades religiosas femeninas. Pocos años después, en el convento de las Benedictinas de Oñate también se celebró un encuentro, esta vez en torno al libro de los Salmos en el que el P. Agustín había participado realizando el texto base en una traducción directa del hebreo al euskera.

Hoy en día el uso del euskera dentro de la Iglesia en el País Vasco está más normalizado, pero como reconoce el que fuera Vicario General de Bilbao Ángel María Unzueta en un libro publicado en 2009 por el Instituto de Teología y Pastoral “Liturgia euskaraz. egindakoa eta egitekoa”: “la cuestión más importante no es el euskera o el castellano, sino conseguir una liturgia viva, que sea significativa para los hombres y mujeres de hoy, con sus gozos y esperanzas, tristezas y angustias”. Por eso le preguntamos al P. Agustín ¿Cuál sería hoy la misión del euskera para la Iglesia? Apaolaza considera que los textos en euskera utilizados en la Iglesia han ayudado mucho al euskera, a su desarrollo y difusión. “Las cosas que se dicen en la misa son muy importantes, son cosas que la gente escucha, eso es lo importante.” Es un defensor de la difusión del euskera en las catequesis y otras publicaciones de la Iglesia.

Y respecto a cuál es su oración preferida, el P. Agustín es un enamorado de los Salmos, porque los usa y los ha trabajado mucho: “Escojo uno y lo trabajo muy, muy despacio.”  Un trabajo que lleva a la lectura de cualquier pasaje de la Biblia, el objetivo es “convertir la palabra en oración, interiorizar ese pasaje no solo leerlo.”

El cerro de Estíbaliz ha sido uno de los santuarios de la incorporación del euskera a la liturgia y a la oración de la comunidad cristiana de estas tierras. Además del P. Agustín Apaolaza otros nombres de esta comunidad pueden sumarse a esta gran labor como el del P. Isidro Bastarrica o Emiliano Ozaeta.

Non solum sed etiam

Ni ez naiz euskaldun zaharra, euskaldun berri baizik. Nire amaren hizkuntza gaztelania da eta. Hala ere, hemen jaio nintzen, eta gure euskadiko kultura nirea da, jakina! Horregatik, betidanik, gure kultura maite dut. Nire ustez oso garrantsitzua da euskarari babestea, baina Elizaren modura, poliki poliki eta maitasunarekin. Euskara, Gaztelania, Latina, … komunikazioaren bideak dira. Otoitz egiteko balio dute, Jainkoari hitz egiteko. Hau da helburu nagusia Elizan.

No soy vasco parlante de nacimiento, mi lengua materna es el castellano. Pero aquí nací y tengo muy claro que nuestra cultura es mi cultura. Siempre he creído importante defender el uso del euskera, ahora bien, de la manera que lo ha hecho la Iglesia, introduciéndolo en la liturgia con mimo en las zonas vascoparlantes, y paulatinamente en el resto de las parroquias de las diócesis. Empezando por el Gure Aita, el rito de la Paz, pequeños momentos, pequeños textos que se van haciendo familiares domingo a domingo, y, sobre todo, con lo que siempre ha caracterizado al pueblo vasco, el canto. Todo, con el objetivo principal de que la lengua, sea la que sea, ayude a comunicarse al hombre con Dios y con el prójimo.

En esta ocasión creo sinceramente que la lengua ha sido una herramienta de evangelización, no un arma para imponer credos. Eso ya lo hicimos en América hace 500 años, y no estuvo bien, y eso han seguido haciendo otros con otros fines, y tampoco está bien.

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