Carta abierta a los colectivos de Amistad con el pueblo saharaui

Internacional

Esta carta va dirigida principalmente a todas aquellas personas que pertenecen al colectivo Amigos del pueblo saharaui. Fui en mi juventud, y de forma bastante activa, miembro de este colectivo hasta que la madurez y el conocimiento de la historia y de sus gentes me hizo cambiar la visión de los hechos. Transcurren los años y conforme se escuchan y se leen opiniones de algunos actores secundarios, uno se sorprende y se reafirma más en sus ideas, pasando de ser un simple oyente a tener la necesidad de expresarse.

Cuando un español o cualquier persona de este planeta se solidariza y simpatiza con el problema político existente entre algunos saharauis Marruecos debe, ante todo, conocer algo de la historia de este país y sentir curiosidad por conocer y hablar con todos los implicados; no solo con aquellos que tratan de dar su versión de la historia o reinterpretar unos hechos para, en definitiva, atraer hacia sus intereses la solidaridad y la buena fe de muchas personas y colectivos. No existen las verdades absolutas, pero no se puede tener una idea imparcial de los acontecimientos sin conocer todos sus condicionantes, ya que se caería en el error de una apreciación sesgada.

Me siento testigo directo del camino seguido por los saharauis en los últimos cuarenta años. No voy a detallar mi currículo, pero llevo unos treinta y cinco años tomando el particular té y conviviendo de manera estrecha con muchos de ellos, entre los que puedo presumir de entrañables amigos. Mis conclusiones, aunque puedan chocar con la idea forjada en el imaginario de determinados colectivos o pueda parecer políticamente incorrecta para algunos otros, se basan en mi vivencia personal y en el conocimiento que he ido adquiriendo sobre la vida social y política en este territorio.

En mi opinión, no existe el término creado de pueblo saharaui, como tal. En su lugar, habría que hablar de una sociedad muy diversa y variada, entre otras razones, por el propio tribalismo existente, además de otros elementos identificativos, como la lengua o el vestido, y otras costumbres tradicionales como el té, la boda, los modos cotidianos de vivir, etc. Para saber de dónde proviene la expresión pueblo saharaui habría que remontarse a la época colonial española, cuando se trataba de diferenciar la población autóctona que la habitaba de los territorios adyacentes como Marruecos. España y Francia trazaron unas líneas rectas como fronteras, y argumentaron que la población que habitaba ese territorio era diferente. Adoptaron el nombre de pueblo saharaui para referirse a quienes se quedaron en la zona controlada por ellos.

Se formó y educó a familias y tribus de la zona, diferenciándolas de otras hermanas existentes tanto en el sur, como en el norte o en el este, y durante años se amoldaron a lo que se consideraba por entonces como la ‘Madre Patria’, como suele ocurrir en muchos territorios colonizados. Pero sus primos, tíos e incluso en algunos casos sus propios hermanos biológicos se encontraban en la zona vecina, separada por una frontera artificial. Durante unos años la situación fue cómoda y productiva pero no era un escenario natural ni elegido, por lo que estaba abocado al conflicto.

Tenemos que remontarnos unos cuantos siglos atrás para entender cómo se formó la sociedad saharaui o, dicho con propiedad, la sociedad bidani hassaní, y cuáles son sus orígenes. Estas tierras fueron pobladas por bereberes expulsados del Átlas hace mil quinientos años, que se adentraron en el desierto. Llegó el camello, comenzaron a abrir pozos, a comerciar y a expandirse. Más tarde, aparecieron poblaciones provenientes del Yemen, es decir, árabes, que con los años se mestizaron, y de esta hibridación surgió a lo largo de los siglos lo que hoy conocemos como sociedad hassanío bidani.

El lector se puede preguntar entonces quién es el Polisario, qué razones argumenta para reclamar este territorio o por qué surge esta organización que se proclama portavoz legítima de una sociedad formada a lo largo de los siglos. En sus argumentos sobre cómo fue la descolonización española omitieron determinados hechos que han venido provocando un sentimiento de responsabilidad y solidaridad en muchos españoles, como le ocurrió a quien suscribe y sobre todo a los militares que eran la población mayoritaria que habitaba esta región. Este aspecto no es lo que pretendo expresar en este artículo, puesto que considero que ya existen trabajos que cada uno puede interpretar como considere. Mi reflexión va más atrás en el tiempo, tratando de analizar los errores cometidos en el pasado.

Entre los años sesenta y principios de los setenta, África comienza a ser descolonizada. España tuvo que dejar ese país que hoy se llama Guinea Ecuatorial, quedando solo lo que se conocía como protectorado sur de Marruecos: IfniTantánTarfaya y también Sáhara. A finales de los años cincuenta se había establecido la retrocesión de estos territorios, es decir, la devolución a Marruecos, pero se quiso mantener el Sáhara, entre otros motivos, porque se acababan de descubrir los famosos y conocidos fosfatos de alta calidad, que podrían producirnos grandes beneficios. Quien reinara por aquel entonces en Marruecos, el abuelo del actual rey, Mohamed V, venía reclamando el territorio y aunque no llegó a conseguirlo, las reivindicaciones estaban ahí.

La economía en la zona estaba en alza, los saharauis sedentarizados comenzaban a estudiar, a viajar y en definitiva a vivir bien. Mientras, sus primos y hermanos del norte, es decir, del sur de Marruecos, comenzaban a tener un sentimiento encontrado y unos deseos de participar de esa misma situación de privilegio. Los más preparados, algunos estaban estudiando en Rabat, se reunieron un buen día en Tantán, ciudad muy cercana al territorio que en esos momentos se encontraba en manos de EspañaGritaron unas proclamas y manifestaron, literalmente, ¡fuera España!

Las autoridades marroquíes disolvieron esa manifestación y, a renglón seguido, los artífices de estos hechos se marcharon de forma precipitada al país vecino, Argelia. En esta parte de la historia, habría que preguntarse por qué eligieron este país como lugar de refugio, país que de antemano mantenía grandes y graves diferencias con Marruecos. Es importante recordar que las proclamas no eran contra Marruecos, sino contra España.

Crearon en su imaginario un ‘Estado’, dispusieron de oficinas en Argel, establecieron representaciones en el exterior; pero les hacía falta lo más importante: el pueblo. Ese pueblo fue relativamente fácil crearlo: solo hubo que ir al desierto y comenzar a hacer un llamamiento entre la población humilde, aún nómada, dedicada a la ganadería y prometerles un mundo mejor. Así fue como comenzaron a instruir a los más pequeños en unos ideales revolucionarios. Inmediatamente después se introdujeron en el territorio ocupado por España y consiguieron llegar a una parte de estas gentes. Desconozco el número de personas que se adhirieron a la causa y trasladaron su hogar a los campamentos argelinos, pero a día de hoy llego a la conclusión que no pudieron ser muchos. La mayoría pronto regresaron y otros que no lo hicieron, probablemente fue porque no pudieron; palabras textuales recabadas en los años que llevo residiendo en El Aaiún.

Se han escrito artículos criticando duramente las iniciativas tomadas por saharauis como el Sr. Hass Ahmed, uno de los mayores impulsores de los movimientos asociativos creados en España a finales de los años ochenta y principios de los noventa en solidaridad con la población saharaui adscrita al Frente Polisario. Considerado el mejor embajador de este movimiento en países de Latinoamérica. Me pregunto: ¿Cómo se mide la solidaridad de personas que son capaces de criticar ideas de un señor que, como otros, han tenido gran responsabilidad en este conflicto e intentan únicamente poner solución a una injusticia creada por jóvenes que, con ideas fantasiosas, apoyadas por poderes que entran totalmente en divergencia con los intereses de un país soberano como Marruecos, han utilizado a una parte de la población y la han llevado a la total y absoluta miseria, hundimiento y desprestigio?

Muchos saharauis, hoy ya con cincuenta años, siguen apoyando incondicionalmente la causa del Polisario. Pero, paradójicamente, quienes más defienden esta causa son personas que viven desde hace mas de treinta años en España, obtuvieron la nacionalidad, formaron sus familias y tienen unos empleos dignos en España, gracias a los estudios que pudieron realizar con las ayudas y colaboraciones de asociaciones que, como la que yo dirigí en mi juventud, les facilitamos. Treinta y cinco años después, los que en su día no pudieron salir, siguen en los campamentos de Tinduf. Sus voces y opiniones, hoy en día, siguen siendo silenciadas. Los occidentales seguimos recibiendo mensajes revolucionarios que nos mueve a la solidaridad y a simpatizar con una causa que consigue el efecto contrario que deseamos. 

Es necesario dar todo el apoyo y solidaridad a cualquier iniciativa que tenga la intención de solucionar los errores del pasado como la que propone e impulsa el Sr. Hass Ahmed y tantos otros.

Gonzalo Sánchez Álvarez-Castellanos

Residente en la ciudad de El Aaiún y autor del libro-guía Turismo cultural por el Sur de Marruecos, desde Sidi Ifni hasta La Güera