AÚN QUEDAN «ROSAS BLANCAS»

Artículos de opinión

Por David Alboger-Hansen

Sophie Scholl fue la primera de ellas, miembro de «la liga de muchachas alemanas», (el equivalente femenino de las juventudes Hitlerianas), fue como millones de personas desesperadas, seducida por el carisma de un líder fanático, y las promesas de que «Alemania seria grande otra vez», ¿les suena la consigna a mis respetados lectores?.

Pero tras «la noche de los cristales rotos», en 1938, cuando se asesino a centenares de judíos en la calle, se destruyeron sus comercios, e incendiaron todas las sinagogas del «III IMPERIO», muchos descubrieron realmente a que organización habían entregado el poder, y que sus mensajes no solo eran discursos teatrales ensayados al milímetro, eran una promesa real de exterminio hacia judíos, gitanos, minusválidos, y demás «infrahumanos», que con su existencia, «vidas sin valor», lastraban AL ESTADO, consumiendo unos recursos que debían emplearse en «los mejores ejemplares de la raza superior», destinada a gobernar el mundo por derecho natural.

Inspirada finalmente por los discursos del «León de Munster», el obispo Jesuita Von Galen, que comenzaba sus misas recordando que tanto Jesús, como todos los demás profetas y apóstoles Cristianos eran judíos, judíos como los que cruzaban Europa en vagones de ganado para cumplir «la solución final», y cuyas cenizas caian sobre Munich desde el campo de exterminio de Dachau, eran tanto sus vecinos, como sus hermanos, e hijos del mismo Dios, terminaba sus sermones llamando a la desobediencia civil y militar de los alemanes, para detener ese genocidio y la guerra, discurso que movilizo a los altos oficiales del ejercito para «la operación valquiria», uno de los 20 intentos para un golpe de estado que liquidara el nazismo, y el que estuvo mas cerca de conseguirlo, su mensaje supuso elaborar un plan para asesinarle en la sede episcopal, plan abortado en el ultimo momento, pues el mismo pedía, «mi muerte antes que ser complice de sus crímenes», ya que esa ejecución era correr el riesgo de una sublevación total ante la GESTAPO y las SS, incontenible numéricamente si se sumaba el ejercito y la policía, contra el aparato de terror nazi.

Sophie Scholl redacto junto a su hermano, «las cartas de la rosa blanca», repartidas clandestinamente por toda Alemania llamando a la rebelión desde la desobediencia civil, y una huelga general, finalmente fueron identificados, detenidos, y torturados, siendo condenados a muerte por decapitación, mediante un hacha, el método habitual de Europa central durante la edad media.

Los aliados imprimieron millones de copias de «las cartas de la rosa blanca», y cuando no atacaban con bombas incendiarias, o de fragmentacion para demoler manzanas enteras, y así destruir la industria militar alemana, «bombardeaban» las ciudades con el mensaje de una adolescente, que no dudo en «violar la ley», en los años que por «ley», fue legal asesinar a millones de seres humanos.

Una idea no puede destruirse, es un concepto, un pensamiento, la ideología que provoco el mayor crimen de la historia, y la segunda guerra mundial, esta resurgiendo, porque nadie se toma en serio lo que ademas, se esta repitiendo, «nosotros y ellos», y ese discurso de odio se esta propagando como una epidemia, una peste aun peor que el cáncer, cáncer que en si esta devorando a las instituciones, pues si toman el poder político, nada podrá detenerles, salvo el valor de mujeres al gobierno de un barco, como otra alemana, la capitán Carola Rackete.

AUN QUEDAN «ROSAS BLANCAS», QUE NO TEMEN A LA MUERTE O A LA CÁRCEL, AUN QUEDA LA ESPERANZA, «ELPIS», LA DIOSA QUE DETENDRÁ A LOS DEMONIOS, SI ROMPEN LA CAJA DE PANDORA PARA DESTRUIR EL MUNDO.