Agua Amarga, una mirada desde otro mundo

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UN PUEBLO PESQUERO ESCONDIDO EN EL CORAZÓN DEL CABO DE GATA-NÍJAR

Alrededor de cuatrocientos habitantes son los que alberga esta bella pedanía nijareña. Sin embargo, en época estival, se convierte en un pueblo atestado de turistas sin perder, por ello, su encanto rural. Donde los niños juegan libremente como si estuvieran a salvo de todo, como si el reloj se hubiese parado, o mejor aún, como si se hubiese retractado y arrepentido de haber conocido la sociedad en que vivimos, y quisiera recuperar los valores y costumbres tradicionales. Todo aquello con lo que nos forjamos en hombres y mujeres de bien.

Hoy, sin embargo, con los tiempos que corren, todo lo que nos rodea parece haber cambiado, excepto en Agua Amarga, desde donde aún es posible mirar de otro modo, con la perspectiva que probablemente hayamos perdido, quizás, para siempre.

Casitas de color blanco y techo plano. Calles estrechas e imbricadas, donde aún es posible pasear sin por qué tener un rumbo preestablecido, sin prisas, sin objetivos, sin estrés urbano. En la Ferrocarril Minero –probablemente es la calle más transitada- se encuentra el único supermercado que únicamente abre en los meses de verano, así como el Consultorio, donde el médico solo pasa consulta unas pocas horas a la semana. Donde aún se puede observar que la cabina mural de Telefónica conserva el teléfono público y no ha sido transformada en un mero mupi publicitario, tal y como ha ocurrido en las ciudades. Una vía que desemboca en la plaza del pueblo, en la que todo el mundo se congrega al caer la tarde para disfrutar de sus barecitos, en los que se puede conocer la gastronomía local, y además, cenar muy bien por una razonable relación calidad-precio; entre 20 y 30 euros, de media, por comensal.

Plaza principal de Agua Amarga.

Si bien, hay algunos restaurantes a pie de playa, tremendamente románticos, donde es posible pasar una agradable velada. De hecho, lo aconsejable es tomar una copa y contemplar, mientras tanto, las bellas aguas del Mediterráneo, en cuyo horizonte, se puede observar el destello periódico que proyecta el faro de Mesa Roldán, ya ubicado en el término municipal de Carboneras.

Agua Amarga está constreñida por laderas, al pie de una gran cala, considerada playa, que toma el nombre de la propia localidad. Por tanto, hay pocos hoteles, y los que hay, son relativamente pequeños; razón por la que hay que hacer la reserva con bastante tiempo de antelación. Hay viviendas turísticas, pero muchas de ellas resultan ser caras para las prestaciones que realmente ofrecen. Otra opción, para pernoctar, es recurrir a los alojamientos ubicados en las pequeñas cortijadas, que con el paso del tiempo, han ido cambiado el modelo de negocio; han pasado de la labranza de la tierra a la explotación del turismo sosegado, amante de la naturaleza y detractor de las grandes masificaciones. El precio de éstos puede ser más alto, pero la calidad del alojamiento suele estar acorde con el importe que se abona. No obstante, la época más favorable para el turista son los meses de verano, justo en temporada alta. Por lo que es el periodo más caro, ya que es cuando más solicitado está este destino.

Imagen panorámica de Agua Amarga, en cuyo fondo se puede observar Mesa Roldán.

Pero la magia de Agua Amarga no acaba aquí. Si no tiene inconveniente en portar mochila -con algunos refrigerios, sobre todo agua fresca-, toalla y sombrilla, caminar por un sendero de dificultad media, y no le importa el tiempo que ello conlleve, entonces, siga leyendo -si lo tiene a bien-.

Cala de Enmedio

Es una recóndita cala, con forma de media luna, a la que solo puede acceder por mar o a pie, bien desde la cala del Plomo, o bien, desde Agua Amarga. Y esta última opción es en la que me centraré en describir.

Es una maravilla que puede visitar sin tener que mover su vehículo, si eligió el mismo pueblo para pernoctar.

Sendero que, desde Agua Amarga, además de pasar por Cala de Enmedio, permite llegar hasta la cala del Plomo y a la de San Pedro.

Tendrá que dirigirse hacia la salida del pueblo, en dirección oeste, y tomar la calle Depósito, recorrerla en toda su extensión y superar la estación eléctrica del pueblo -que quedará a su derecha- para poder comenzar así el itinerario que le propongo, a partir de la señalética de la Junta de Andalucía.

Es un sendero de dificultad media, pero que aconseja utilizar un calzado apropiado para realizar senderismo, siendo imprescindible llevar agua mineral, puesto que la cala no tiene ningún tipo de servicio. Mas, una vez ´conquistada´, merece la pena pasar unas horas en ella para poder disfrutarla. Lleve protección solar y vituallas suficientes, lo más nutritivas que sea posible, a fin de reponer energías.

Marcas, azul y blanca, que podrá encontrar indicando el camino que ha de seguir para llegar a Cala de Enmedio.

El recorrido de ida puede completarse en poco más de media hora. Y, otro tanto, necesitará para el recorrido de vuelta, a menos que se lo pueda ahorrar y regrese en la embarcación de alguno de los vecinos que retornen a Agua Amarga. La arena de esta cala es de tacto muy agradable, y sus aguas suelen estar tranquilas, hasta el punto de ser propicias para el buceo, siendo el pez luna, la especie más destacable que podrá encontrar. Si bien, y por qué no decirlo, es posible hacer nudismo, aunque no esté especificado. No obstante, nudistas y textiles conviven perfectamente en paz y armonía. Otra sugerencia, que no viene de más, es la de proveerse de escarpines, con los que poder caminar por la zona de calizas, cuya morfología, esculpida por el golpeo continuo de las olas del mar durante siglos, es digna de contemplar. No obstante, podría dar mayor lujo de detalles sobre la ruta que le propongo. Pero es mejor que no lo haga. Prefiero que sea usted, en primera persona, quien descubra la magia de este enclave. Con todo, he pretendido ser sucinto, con tal de promover su curiosidad, avivar su espíritu expeditivo y convencerle de que Agua Amarga merece una visita, al menos, una vez en la vida.  ¡Venga y disfrútela!, pero siempre, cuidando de la naturaleza, a fin de poder legarla a generaciones venideras.